EL CORAZON DEL BOSQUE.
Camino despacio. Bajo mis pies, la hojarasca susurra antiguas historias, y cada paso despierta un crujido leve, como si el bosque respirara a través de las hojas caídas. El silencio habita aquí, pero no es ausencia: es una presencia suave, un manto invisible que envuelve la luz, los reflejos, el agua y los sueños. Entre las ramas entrelazadas, tejedoras de sombra y de cielo, se filtran hilos dorados que descienden lentamente hasta besar la humedad callada del sendero. La tierra guarda el frescor de la noche y el aroma profundo de todo cuanto vive sin prisa. A un lado, un pequeño arroyo murmura. No habla con palabras, sino con destellos. Su voz transparente se desliza entre piedras dormidas, y en cada remolino parece guardar un secreto que sólo entiende el corazón tranquilo. La luz juega sobre el agua, se rompe, se reúne, se transforma en espejos fugitivos donde el bosque contempla su propio rostro. Y en el centro de todo, más allá de los troncos, más allá del rumor del agu...