lunes, 4 de noviembre de 2019

MI MADRE SIN MI. (MICRORELATOS CON SABOR A SAL).


Mi madre sin mi.-

Cada día mas fácilmente, si hago un pequeño ejercicio de  esfuerzo mental soy capaz de traer a mi lado su imagen y recupero  intacto su recuerdo, de entre las sombras borrosas del pasado olvidado. Incluso en ocasiones, puedo llegar a oír su voz perfectamente clara, con ese leve deje andaluz, ese acento y ceceo que nunca abandonó del todo pese a los años vividos fuera de su Málaga natal, tan lejos de aquel barrio populoso, popular del Perché, del que no quería ni oír hablar, mucho menos recordar su infancia en él  y sentir su presencia sentada a mi lado mientras estudio un examen cualquiera y ella me cuenta sus cosas y me habla  de su infancia, de la guerra, de cómo conoció a mi padre, de que quería trabajar y estaba estudiando en una academia de escribir a máquina para secretarias, del miedo cuando entraron los moros en Málaga de sus padres, mis abuelos; Papa Pedro y Mama Sofía, el punto y la I, tan alto el y tan chiquitina mi abuela, tan serio él y tan simpática y cariñosa ella, siempre riendo y contando chascarrillos, con aquel; anda toma, al darme un peseta para comprarme una gaseosa y que no se entere tu abuelo .


La vuelvo a ver en la cocina de casa, allí sentada con la labor entre sus manos, cosiendo un calcetín o un dobladillo de un pantalón, mientras escuchaba aquellos seriales por capítulos de antes patrocinados por el Cola Cao aquel, desayuno y merienda ideal, "el que toma el futbolista para meter goles y el que toman los buenos nadadores, y si lo toma el ciclista se hace el amo de la pista, y si lo toma el boxeador, golpea que es un primor...",  o las cartas que tantas y tantas mujeres le dirigían a Elena Francis, en busca de consejo, consuelo o simplemente una opinión a sus casos particulares, aquellos de; una desesperada, una mujer triste, una enamorada, etc. y sus consejos cargados de rancia ternura, comprensión, y sentido común  llenos de castidad, santidad y moralina barata, sacro santos principios de tu cuerpo un templo que respetar y guardar inmaculado para el que sea algún día tu marido, consejos que hoy en día dan risa y producen rubor, pero que antes era el leít motiv de nuestros principios morales.


Quien no recuerdo todavía aquella "Sección femenina", de Pilar Franco, y aquellas clases de Formación del Espíritu Nacional, siempre impartidas por un profesor, antiguo ex-combatiente o miembro de Falange Española y de las Jons.


Si cierro los ojos puedo volver a verla  cuando en cuando me daba hilo y aguja para que se la enhebrara, mientras Yo hacía los deberes del colegio y de cuando en cuando sin que se diera cuenta la observaba, por el puro placer de mirarla y verla a mi lado.





Mi madre tuvo una infancia corta y complicada, una juventud llena de vitalidad y de una rebeldía reprimida, como tantas y tantas mujeres en aquellos tiempos grises de radio por compañía, y paseo los Domingos y fiestas de guardar después de misa.
Mujeres para las que el  futuro guardaba un único destino; el de madre y esposa,  y quiero creer que a lo largo de su vida fue relativamente feliz, y se sintió realizada como mujer, como madre, y como persona, a pesar de que en ocasiones, en demasiadas ocasiones para un niño de pocos años, la vi llorar y sentí su tristeza y su dolor, sin comprender las razones, con el tiempo fui comprendiendo aquellas lagrimas, ahora cuando casi he llegado a sus años, la entiendo y sé lo que sentía su corazón, cuando se desbordaba en  un amargo llanto, porque no le cabían mas lágrimas en su interior.




 Siempre quiso ser independiente, y libre para decidir y hacer, en un tiempo en que para la ley y la sociedad, la mujer era menor de edad, se consideraba incapacitada legalmente y sometida la patria potestad, primero de su padre, y después de su marido.

Hay que recordar que hasta el año 1985 las mujeres no podían libremente abrir y disponer de una cuenta corriente en un banco cualquiera, y que el derecho de sufragio había ocasionado llanto, sudor y lagrimas conseguirlo.


Sus sueños de igualdad, e independencia forjados en un carácter libre y el convencimiento de que ella era capaz de hacer lo que se propusiera, se torcieron para siempre por culpa de algo tan simple y natural como el amor, de esta forma y tal y como sucedía y sigue sucediendo hoy en día, sacrificó su futuro como mujer independiente social y laboralmente, por tener una familia, un marido y convertirse en la Señora de, traer al mundo cinco hijos y soportar dos abortos, era lo que la época demandaba como papel, como rol especifico y único de la mujer; Ama de casa, de profesión sus labores, esposa, madre y abnegada empleada de su hogar, reposo del guerrero, y en su casa con la pata quebrá, como reza el dicho andaluz.

Mi madre sin mi, como tantas y tantas que lo dieron todo por nosotros, mujeres extraordinarias, fuertes y generosas y ahora de vez en cuando al recordarla se nos forma un rictus amargo de tristeza y una media sonrisa de ternura en los labios, mientras figuradamente le damos un beso de "Buenas noches", mama.
Angel Utrera
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miércoles, 30 de octubre de 2019

PIRATAS NO RECREO.(LUZ BELOSO E MIGUEL ANGEL ALONSO DIZ)



Piratas ou Piratos?....Quen sabe o que cada día resulta politicamente correcto, se nos pasamos a vida coa matraca da igualdade e a linguaxe inclusiva, inmensas e inútiles campañas nas que afundimos cartos e mais cartos,  e despois tiramos todo ao cubo do lixo, cando vemos na televisión anuncios sexistas claramente discriminatorios, en poses provocativas e alevosas insinuantes e atrevidas nas que a muller é unha vez mais instrumento, xoguete e obxecto,  actitudes machistas mais que dubidosas e agresivas. Ou lemos nos xornais, declaracións alti soantes, deste u aquel político, Ministros ou empresario, no que ponse en tela de xuízo a capacidade, a igualdade de oportunidade, a normalidade no trato entre sexos, en tanto vemos insensibilizados e vacinados contra o que significa de fracaso social, o de nos todos, como continua a medrar, dun xeito escandaloso e cruel a violencia de xénero, o maltrato infantil, a desigualdade no mundo laboral e unha infinita e descorazoadora lista de agravios nos que o fin resulta ser; Os nenos cos nenos e as nenas coas nenas, e repitamos os roles ata o infinito e moito mais, porque é así, foi sempre así e ten que se deste xeito.


Os colectivos LGTB, os trans, os que pelexamos ou cremos pola non discriminación en razón de sexo, os que se agochan nos armarios, os que saíron deles hai anos, os que dan a cara e ós que sa rompen a labazadas e esgarros, e nos todos teríamos que ler e desfrutar deste sinxelo pero entrañable e fermoso libro, no que un conto real, transformase por arte de birle birloque en un real conto.








As ilustracións formidables e impáctante de Luz Beloso, e a palabra en forma de poesía e reflexións do escritor Miguel Angel Alonso Diz, fan deste relato trans, a normalidade do que tería que ser sempre abordar a diferencia, coa naturalidade do que non cuestiona, nin prexulga, porque non somos quen para facelo, porque todos e cada un de nos somos únicos, distintos e diferentes niso radica a nosa riqueza como seres.

 A normalidade da vulgaridade ademais de odiosa, resulta aburrida, mortal de necesidade e provocativa na abulia e falla de xenialidade por repetitiva e intolerable, porque non exixe esforzo, dende logo, pero tampouco aporta nada, convértenos en seres monocromos, rutinarios e amorfos, incapaces de vivir, ou sentir, porque somos insensibles.

A mensaxe sobre a diversidade e o respecto mutuo é tan directo e se nos `presenta tan cheo de forza como a palabra e os debuxos, desta nena/o Pirat@/o.


Como  din na contraportada edicións Belagua, e tanto Luz coma Miguel Angel saben e nolo amosan no seu traballo; Cumpre educar para transformar e concienciar para ser, e non hai mellor modo que este, un fermosísimo libro , un fantástico conto, y unha evidencia real de que algo está a cambiar, a pesar dos pesares das estupideces de súas señorías deputados; Membros e membras....      
Excelente traballo, e formidable proxecto no que estan embarcados tanto Luz Beloso, como Miguel Angel Alonso Diz, parabens os dous, e a ediciòns Belagua pola calidade deste magnifico libro de contos, idea a seguir e imitar...
Angel Utrera

jueves, 24 de octubre de 2019

EL SABOR DE LA NOCHE.



La noche se nos presentó desnuda,
fresca y dulce como amante antes del coito,
temerosa e insegura
preñada de reflejos oscuros,
como la  brasa de cigarro que se apaga.






La noche se nos fue gastando en saliva y deseo
desparramada sobre los charcos empedrados de los recuerdos,
escondiendo su vergüenza bajo la nuestra
y su mirada quebrada al despedirnos
en una lágrima robada y un beso.




La noche acunó el eco de sus pasos al alejarse,
mientras Yo agonizante  de amor saciado
contemplaba el mar negro de los sueños pobres
solitario desconsuelo sin alma ni esperanza
imaginando el hueco de sus senos entre mis manos
y el sabor a pecado de su sexo.
(Fotografías de ;Atushi Suwa.Alecio de Andrade.Angellena Belka.Eugeny Kolcenikov.)

ESTATUAS EN BLANCO Y NEGRO SOBRE UN PEDESTAL INVISIBLE DE SOMBRAS..



Siento escalofríos y me embarga una difusa sensación de desasosiego al recordar aquella estatua de bronce que insinuaba, allí subida sobre su inaccesible pedestal de piedra, un desconocido cuerpo desnudo, un autentico coloso, atlético y musculoso, de pechos bien definidos y brazos musculosos.


Quizás se trataba de la representación en piedra de un Dios desconocido del Olympo, o un héroe anónimo de la mitología, que impasible permanecía bajo la bruma de la noche bañado por una persistente lluvia de invierno que arrastraba hacia las alcantarillas atascadas la hojarasca  amarillenta del pasado otoño.

 




Aquella sombra entre los arboles desnudos me sugirió de improviso la imagen irreal de aquel personaje bíblico; Simeón el Estilita.  



Simón del desierto, que consumió su vida de asceta consagrada a Dios, subido sobre una columna, el pionero y mas famoso de esa interminable lista de ermitaños de columna que proliferan entre la leyenda, la mitología y la historia sagrada por todo el orbe desde Oriente a Occidente y que nos sugieren  la soledad del guerrero derrotado condenado a permanecer eternamente de pié sobre la  columna de su derrota, como manifestación e aceptación ante todos de su fracaso, castigo divino a su soberbia.


martes, 1 de octubre de 2019

MIRADAS DE UN AEROPUERTO.



MIRADAS DE UN AEROPUERTO.-

La espera en un aeropuerto cualquiera del mundo, supone desgranar hora tras hora esperando, intentando no sucumbir al tedio, resistiéndote entre el aburrimiento y las horas muertas mientras observas distraído el ir y venir incombustible de miles de ilustres desconocidos que arrastran sus pertenencias más necesarias en estúpidas maletas móviles de colores y todas las formas y tamaños inimaginables,  como yo, viajeros del tiempo y el espacio, a la espera de un destino, mientras miras y remiras pantallas en blanco y negro que indica en señales parpadeantes que tu vuelo se ha retrasado, nuevamente, con la mosca ya detrás de la oreja y siempre desconfiado de las miles de huelgas y paros técnicos que hoy en día han convertido al viajero en un rehén de incalculable valor de ayudantes de cabinas, pilotos, controladores, o vigilantes de cualquier orden después de dos horas interminables de demora y demora, sin ninguna otra explicación que la maldita imagen parpadeante de la pantalla; retrasado.

Las caras de aburrimiento consumado y cansancio es moneda de cambio en los zombis viajeros que deambulan por las salas de espera y pasillos interminables que tan solo te conducen a la nada mas absoluta, puertas y puertas cerradas, imposibles de abrir, y al otro lado el avión que supuestamente te llevará al paraíso.
A mi lado pasan jóvenes con enormes mochilas, riendo desenfadados, cargando sobre sus hombros no solo estas mochilas, sino el peso de su juventud, y las ilusiones de sus pocos años, que les hace siempre suponer un futuro mejor de Alicia en el País de las Maravillas.  



Pasan mujeres con camisetas de tirantes desembarcadas de otros vuelos llegados del cálido verano tropical, y abandonadas aquí en esta espera eterna de fríos del norte, glaciales desconocidos de hielos eternos, en estado de shock permanente y las pierdo detrás de este continuo abrir y cerrar de puertas correderas que automáticamente se abren ante nosotros.

Observo figuras enjutas, sombras de la diáspora, cuerpos translucidos, enormes, gordos, transparentes porque no representan nada para mí que lo desconozco todo sobre ellos, por lo que me subrogo el don de suponer lo que me venga en gana sobre sus tristes vidas, sus tristes miradas, sus gestos cansados, y sus cuerpos sudorosos que transpiran y que apenas arrastran detrás de una maleta desnortada, caminando enfebrecidos, deprisa, con esa prisa viciada de tics y nerviosismo en el que se te va la vida, para llegar a ninguna parte.

Gente, gente y más gente, a mi alrededor y por todas partes, solo veo gente desconocida, que cruzan su mirada con la tuya, pero no ven,  no nos vemos porque todos somos invisibles, sombras inmateriales de la espera, adornos de un aeropuerto cualquiera perdido, en una gran ciudad, moderna de hierro y cristal, acero y cemento de nuestra contracultura moderna, fundido en negro, bella sin alma deambulando hacia el futuro del que carecemos la mas mínima esperanza de encontrarlo, y encontrarnos más a gusto que del pasado del que escapamos, animas en pena que lleva el diablo.
Contradicciones, y estupideces de esta vida moderna que vendemos y compramos.


Los paneles a lo suyo, siguen en verde y rojo, anunciando vuelos, indicando embarques, puertas de salida del tedio y la espera, retrasos, cancelaciones, números de puertas, números de vuelo, destinos, llegadas y salidas.









Y aquí y allá, carreras, besos, abrazos, lágrimas de despedidas, gente que conversa, gente que se despide, gente que se reencuentra,  gente que guarda silencio, gente que lee un libro, pocos, gente que bebe un refresco, gente que come algo, gente que pasea, gente que mira, gente que duerme aburrida, gente que mira su móvil, gente que manda wassap y mensajes y que gracias a las nuevas tecnologías no se sienten tan solos.

Esto es el universo inmenso, insoldable, inagotable, desconocido, real e inventado como la vida misma, escaparate del todo y nada, de un aeropuerto, ventanas al cielo, y boquetes al infierno en el que te sumergen y esperas, te aburres y esperas, te levantas y esperas, te sientas y esperas, conversas y esperas, miras y esperas, siempre es lo mismo; esperar de millones de personas aquí y ahora y en cualquier parte del mundo mundial, de esta aldea global de mierda en donde ya nada es nuevo, ni deferente, porque todo se copia y se fotocopia llevándolo en una tarjeta de memoria de nuestros móviles, de un a otro confín del planeta, en cuestión de segundos, de   horas o de días, tanto da.

Esperar y esperar y esperar aunque no quieras, consumir horas muertas, agotar y peerder el tiempo y perderse en el vacio de esperar y no hacer nada.


Gente igual y diferente, de color distinto y lenguas extrañas, de culturas y razas distantes, diversas, desconocidas pero semejantes, habitantes solidarios de un mundo extraño al que regresamos o del que escapamos como fugitivos huraños.
Un pasajero de verde con su gorra haciendo juego y su barriga cervecera como carta de presentación  hablando a voces. Una chica con mochila de colores y pegatinas de viajes anteriores, con sus cascos sobre los oídos que 


duerme, mientras a su lado una mujer de color conversa animadamente con alguien a través de su móvil y sonríe de cuando en cuando.


Un  chaval con sudadera negra se cubre la cabeza a pesar del calor de la sala, que obliga a la mayoría de los desesperados como Yo, que esperamos indulgencia plenaria de nuestra compañía aérea, a estar en mangas de camisa. Parejas con niños de la mano, o en carrito de ruedas, o sobre el pecho en cómodo transporte junto al corazón del padre o de la madre. Niños corriendo, niños jugando en este microcosmos con la misma indiferencia del anciano que camina lentamente, marabunta de personajes en busca de autor, embrujo y hechizo de vida malgastada mientras esperas en este ninguneo de idas y venidas de caos organizado, del todo o nada, que es un aeropuerto cualquiera en el que la vida se te escapa detrás de una tarjeta de embarque en un vuelo con destino a ninguna parte, pero que anhelas.

     (Aeropuerto de Luton (Londres), 6-9-2019, rumbo a Helsinki).

miércoles, 25 de septiembre de 2019

EL OFICIO DE FOTOGRAFO.



Siempre me ha gustado ojear y revolver entre las páginas de esos viejos álbumes de fotos  impregnados del típico olor de humedad y nostalgia  del pasado en el que nos descubrimos, más bien nos adivinamos entre fotografías y fotografías en blanco y negro que empiezan a amarillear por las esquinas mientras lentamente se va difuminando hasta prácticamente borrarse y desaparecer del papel esas imágenes olvidadas de lo que fuimos, de los que se fueron, de tantos y tantos que ni siquiera llegamos a conocer, pero que como nosotros también, nacieron, crecieron, se reprodujeron y murieron un día, cumpliendo con  eso que dicen que es el ciclo de la vida.


Imaginar y fantasear inventando vidas, y sueños, poniendo nombres y lugares, adivinando espacios y tiempo, jugando a ser Dios con el pasado que de momento permanece impreso allí, atrapado en una foto con los bordes dentados y papel duro de cartulina que poco a poco todos hemos ido dejando de lado y cubriendo de polvo y olvido. 




 Desgraciadamente o tal vez por fortuna, hoy en día las modernas cámaras digitales ya no usan aquellos carretes que tenías que cargar prácticamente a oscuras para que no se velara, y nuestras fotos tampoco, salvo excepciones, se pasan al papel, por lo que  estos añejos álbumes fotográficos han sido arrinconados y sustituidos por extrañas memorias digitales, tarjetas de no sé cuantos gigas y megas que nadie sabe que son, y se almacén en discos duros de intrincados sistemas informáticos incomprensibles para una mente de letras, y no de ciencias como es la mía, mentes que lamentablemente no hemos evolucionado al ritmo de los tiempos y sobre la que sigue pesando como una losa de mármol de cualquier tumba de cualquier cementerio la nostalgia, y el recuerdo gris de sus comienzos que de tanto en tanto nos asalta dejándonos, como si de molestos mosquitos de verano se tratara, su pequeña huella en forma de comezón o sarpullido, que acabamos por aliviar aplicándonos alguna de esas cremas anti estamínica de botica.


Sé que nací un cierto día de Octubre, de hace ya demasiado tiempo que ni me acuerdo, y salí de entre las piernas de mi madre, abandonando la cálida placidez de su vientre  al olor del salitre y el pescadito frito de la bahía de Cádiz, radiante de luz  y mar.

Mi infancia de la que apenas guardo dos o tres intensos y hermosos recuerdos, se diluyó entre los patios del barrio de los naranjos, la Mezquita junto al Guadalquivir de Córdoba, y desde luego y para siempre se fue diluyendo como un azucarillo en una taza de café caliente, dejándome un regusto amargo y agridulce que el tiempo ha ido suavizando, de borrosas imágenes casi olvidadas de juegos en los jardines del Triunfo, de guantes con agujeros y orejas preñadas de sabañones en el invierno, pantalón corto y zapatos gorilas con que pisar el barro y los  charcos del campo de tierra donde una jauría de chavales jugábamos a la pelota, en el colegio de los Salesianos, con aquellos curitas de sotana arremangada.

Me recuerdo con mi primera cámara de fotos, regalo de cumpleaños, de mi padre, una pequeña caja de pasta de forma cuadrada; Kodak instamatic, de película en blanco y negro de carrete con la que recorría la ribera del Darro, el Albaicín de los gitanos, la Alhambra mora, fotografiando aquellos balcones de rejas de hierro forjado, fundido en negro, con mantones de manila de colores y geranios, miles de macetas con geranios.
Curiosamente, de aquellos primeros años y de mis principios fotográficos no ha quedado nada, salvo mi memoria despejada y la imagen de un niño de pelo rizado, y orejas de soplillo con unas enormes ganas de vivir, cargado de sueños y deseos, y sobre todo de esa curiosidad vital que te da animo y valor para todo, hasta para adentrarte en aquellas callejuelas sucias, impregnadas de vida y de orines de gato por las que en aquel entonces se enseñaba la vida en cada esquina, y sus misterios escondidos tras cada puerta de par en par abierta al que llegara, y mirara desde afuera sin codicia, mientras sonaban las cuerdas de  una guitarra y la voz dulce de una niña.
A pesar de todo, contra todo y sobre todo contra mí mismo, sigo haciendo fotos, en ocasiones con  lujuria y con la avaricia del que quiere robarle el tiempo al tiempo,  buscando el instante preciso, la mirada clara, el gesto suave, la sorpresa, la alegría, la tristeza de la vida, intentando sin conseguirlo;" la foto perfecta",  porque quien sabe si habrá ocasión para repetirla y volver a intentarlo.
Ángel Utrera


domingo, 25 de agosto de 2019

INDIANOS. (LUCES DA ILUSTRACIÒN).



Nos primeiros tempos do pasado século XX os principios mais elementais do ensino  nun intento de  rematar co analfabetismo secular do noso Pais se imparte  nas escasas escolas públicas, localizadas sempre nas cabeceiras dos municipios, non podemos esquecer que aínda no ano 1920 mais do 50% da poboación de Galiza, era analfabeta.




A aparición das escolas dos chamados "Indianos, ou Americanos", emigrantes en definitiva asentados na que se deu en chamar "Quinta provincia" que nun acto de enorme xenerosidade toman o compromiso de apoiar escolas e centros nos que se impartiran os fillos da terra, a tan necesaria educación para saíren da pobreza e rematar coa sangría a que eles mesmos foron  forzados. Estas escolas xorden da simbiose entre os movementos renovadores españois, como o da Institución Libre de Enseñanza, e os chegados do outro lado do mar, adecuándose as necesidades propias de cada lugar. O que non saíu das arcas municipais saíu do peto dos galegos do outro lado do océano. Entre finais do século XIX e 1936, indianos e emigrantes organizados en sociedades construíron cerca de 400 escolas en toda Galicia, a maioría nas comarcas de Ortigueira, A Mariña, O Deza e o Baixo Miño. A dispersión e o tamaño reducido dos núcleos , vilas e aldeas do Pais, deixaba boa parte das provincias galegas sen lugares estables nos que aprender, xa que o vigor da  norma de 1856, a  coñecida como Lei Menayo obrigaba a crear unha escola por cada 500 habitantes, as escolas  pois ,unicamente existían en núcleos con poboación superior os 500 habitantes.



Por iso, antes de que se materializasen os proxectos de Cuba e Arxentina, algúns pais  tan so podían mandar os seus fillos as coñecidas como "Escolas de Ferrado", instaladas en casas particulares e mandadas polo veciño máis culto do lugar. "Podía ser o cura, o sancristán ou outro calquera". Velaí a razón do porque os Indianos, esixiron mestres formados para impartir docencia, foi esta a primeira iniciativa de escolarización exitosa que coñeceron moitos fogares.

A maioría dos centros foron gratuítos, progresistas e aconfesionais nunha época de poucas liberdades, non podemos esquecer como por exemplo escola coma a de San Adrián da Veiga, en Ortigueira -a primeira, ademais, en publicar unha revista propia-, pechou durante a ditadura de Primo de Rivera pola súa defensa acérrima do laicismo. Chama a atención que xa no ano 1919 estréase unha escola para nenas, que comezaban a emigrar, o que xa pon de manifesto a sensibilización existente nun momento tan difícil para a muller, como aqueles tempos, acerca da importancia da educación, tamén feminina.

O profesor Vicente Peña Saavedra na súa tese doutoral sobre estas escolas de americanos, calcula en uns 225 os centros mantidos grazas as remesas dos emigrantes, continuando coa iniciativa que comezaran a mediados do século XVIII, en principio movidos por fins altruístas e xenerosidade, desexo de ostentación cara os seus veciños e amigos, no seu afán de amosarlles o éxito acadado alén dos mares, grazas a súa emigración, e dende logo a necesidade de  cambiar a imaxe que deles se tiña no novo continente, como de persoas analfabetas, carentes de preparación, duros e de poucas luces, decatándose das implicacións negativas e pexorativas que carrean a falla de preparación dos novos emigrantes que continúan chegando ante o efecto chamada dos que xa están alí establecidos, tratan deste xeito de axudar a superar a situación estrutural do noso Pais, sumido no atraso, as dificultades económicas, a pobreza, o illamento, en resumo o desprestixio e a marxinación social de Galicia, mediante a creación do principio básico da educación, a escolarización dos rapaces/as. Xurde deste xeito e grazas a eles un novo concepto de escola rural.


Fai logo, mais de cen anos, no noso Pais asistimos  ao desenvolvemento dunha das experiencias de escolarización popular máis xenuínas e  importantes de cantas se teñen rexistrado na súa historia. Esta iniciativa agromaba nos escenarios da emigración transoceánica, impulsada polas sociedades de instrución que comezaran a tomar corpo en varios daqueles espazos case ao mesmo tempo, á altura de 1904.


Dende entón e ata o alborexar da década dos trinta, ano a ano e mes a mes foron constituíndose moreas de pequenas agrupacións locais nos territorios de alén mar que tiñan por obxectivo en común contribuír á difusión do ensino nos lugares ós que proclamaban representar. Débenselles súa axuda a encher de luces o país, favorecendo a transición dunha sociedade na que prevalecía a cultura oral  o analfabetismo e a pobreza cara unha nova  na que se ía ir abrindo paso a cultura escrita, sobre todo mercé á difusión e penetración da escola nos contextos rurais, vilas e aldeas mais afastadas.









A importancia e relevancia que para o noso Pais tiveron estas escolas de Indianos, moveu hai uns anos a creación do Arquivo da Emigración Galega, promovida polo Consello da Cultura Galega en colaboración coa Secretaria Xeral de Emigración da Xunta de Galiza, proxecto que coincidindo co centenario da fundación das sociedades galegas de instrución de América, deu lugar a exposición Luces de alén do mar, onde se recolleu  unha boa parte deste legado cultural e educativo dos indianos realizado o longo de Galiza. 

O inxente traballo de localización, catalogación, e posta en valor destas edificacións,  nun ficheiro arquivo coas características arquitectónicas, localización, historia e todo cando se poida referir o feito en se mesmo foi recentemente realizado polo mencionada profesor Vicente Peña, no seu traballo para a USC. As escolas da emigración (Un proxecto educativo de valorización do patrimonio).


Neste traballo, e falando xa especificamente para a nosa bisbarra do Deza, atopamos ata deza sete edificacións, das que unicamente quedan dúas como legado filantrópico particular, e cinco procedentes de organizacións societarias educativas en Lalín, dúas en Agolada; a de Basadroa en Eidian procedente da obra filantrópica privada, e outra, a de Ventosa, de orixe societario. En Vila de cruces ase mesmo unha e dúas procedentes de organizacións societarias, e finalmente en Silleda tres, unha unicamente en Bandeira e outra en Rodeiro, todas elas creadas polo asociacionismo societario educativo.

Mais non era o máis frecuente na Galicia de comezos do século XX, que arrastraba taxas de analfabetismo superiores ao 50% da poboación aínda en 1920. Boa parte dos novos nenos e nenas, estudaron nalgunhas das 25 escolas creadas por Vivero y su comarca, unha sociedade de mariñanos emigrados na Habana, o mesmo que en Ares Betanzos e mesmo a bisbarra Ferrola, entre outros moitos puntos da nosa xeogbrafía.


O que non saíu das arcas municipais saíu do peto dos galegos do outro lado do océano. Entre finais do século XIX e 1936, indianos e emigrantes organizados en sociedades construíron cerca de 400 escolas en toda Galicia, a maioría nas comarcas de Ortigueira, A Mariña, O Deza e o Baixo Miño. Dende finais de 2008, un grupo de investigadores tutelado polo Consello da Cultura e presidido por Vicente Peña Saavedra, historiador da educación, identifica e cataloga cada un deste centros, a maioría reconvertidos en centros socioculturais. O obxectivo de Escolas da Emigración, título do proxecto, é o de recuperar a maior información posible -regulamentos internos, fotografías, programas didáctico e mesmo fichas arquitectónicas- duns centros que non sempre funcionaron baixo réximes democráticos e que, sen excepción, cambiaron de rumbo co estalido da Guerra Civil.

 

A Habana e Montevideo. Malia ser unha das provincias con máis emigrantes, Ourense era a mellor dotada en escola pública: favorecíaa unha norma de 1856, a lei Menayo, que obrigaba a crear unha escola por cada 500 habitantes. A dispersión e o tamaño reducido dos núcleos lugueses, pola contra, deixaba boa parte da provincia sen lugares estables nos que aprender. Por iso, antes de que se materializasen os proxectos de Cuba e Arxentina, algúns pais pagábanlles aos cativos escolas de ferrado, itinerantes, instaladas en casas particulares e mandadas polo veciño máis culto. "Podía ser o cura, o sacristán ou outro calquera", describe Peña. Por iso a dos americanos, que esixiron mestres formados para impartir docencia, foi a primeira iniciativa de escolarización exitosa que coñeceron moitos fogares encomendados á emigración.







Tanta era a esperanza que as familias depositaban na diáspora, que as escolas nadas á sombra do éxodo impuxeron algunhas asignaturas nunca antes vistas, pero esenciais ao entender dos emigrados. Historia de Arxentina estúdabase na Escola do Val Miñor, a máis adiantada de cantas existiron e paradigma galego do espíritu insuflado pola Institución Libre de Enseñanza. Fora creada en 1914 pola sociedade de Instrucción Unión Hispano-Americana Pro Valle Miñor, de filiación arxentina, e contaba con biblioteca propia, obradoiros de carpintería e agricultura, clases nocturnas para adultos, imprenta, comedor e mesmo un proxecto de transporte escolar que nunca chegou a materializarse.

Ningún destes servizos existía nas escasas escolas públicas de comezos do século XX, ubicadas sempre nas cabeceiras dos municipios. "Estas escolas xorden da simbiose entre os movementos renovadores españois, como o da Institución Libre de Enseñanza, e os chegados do outro lado do mar, que os emigrantes amoldan ás súas necesidades", explica Peña. Esas necesidades impoñían, ademais, clases de comercio para os futuros traballadores de Bos Aires e A Habana e de labranza para os que quedaban, leccións prácticas, sempre utilitarias, para aprender a sobrevivir ás veces moi lonxe da casa. En 1919 estréase unha escola para nenas, que comezaban a emigrar. É entón cando os ausentes se sensibilizan coa educación feminina. Malia que dende o nacente nacionalismo se criticaron estes programas de estudo por ser berce de emigrantes, segundo Peña este era o problema menor porque "a emigración non se podía cortar do día para mañá". Bos coñecedores da experiencia migratoria, Antón Alonso Ríos e Ignacio Ares de Parga exerceron de inspectores e defensores das escolas dos emigrantes.

Fai agora cen anos, en Galicia asistíase á floración e ao desenvolvemento dunha das experiencias de escolarización popular máis xenuínas e senlleiras de cantas se teñen rexistrado na súa historia. Esta iniciativa agromaba nos escenarios da emigración transoceánica, impulsada polas sociedades de instrución que comezaran a tomar corpo en varios daqueles espazos case ao mesmo tempo, á altura de 1904. Desde entón e ata o alborexar da década dos trinta, ano a ano e mes a mes foron constituíndose moreas de pequenas agrupacións locais nos territorios de alén mar que tiñan por obxectivo en común contribuír á difusión do ensino nos lugares aos que proclamaban representar. Débenselles a elas as máis de trescentas aulas coas que axudaron a encher de luces o país, favorecendo a transición dunha sociedade na que prevalecía a cultura oral a unha nova xeira na que se ía ir abrindo paso a cultura escrita, sobre todo mercé á difusión e penetración da escola nos contextos rurais. Tres séculos antes xa, da man dos filántropos indianos, a intervención dos galegos do exterior no ámbito educativo fixera a súa aparición. As dúas variantes coexistirán durante boa parte da primeira metade do pasado século, aínda que con intensidades e perfís ben distintos ao longo do seu percorrido.



A maioría dos centros foron gratuítos, progresistas e aconfesionais nunha época de poucas liberdades. A escola de San Adrián da Veiga, en Ortigueira -a primeira, ademais, en publicar unha revista propia-, pechou durante a ditadura de Primo de Rivera pola súa defensa acérrima do laicismo. A da Liga Santaballesa, en Vilalba, nunca puido facer realidade o seu proxecto de levar ás escolas unha asignatura de historia, xeografía e lingua galega, porque a lexislación da época non o permitía. "O idioma oficial foi sempre o castelán. E máis aínda neste caso, porque preparaban emigrantes", apunta Peña. A escola de Senra, en Bergondo, nin tan sequera abriu. Tivo a pouca fortuna de ser inaugurada seis días antes do estalido da Guerra Civil. Ao comezo do conflito foi incautada e convertida en sede dos campamentos de verán da Falanxe e cando os veciños lograron recuperar a súa titularidade, nos anos oitenta, só puideron tirar o inmoble e construír no seu lugar un parecido. Algo semellante aconteceu co centro da Unión Mugardesa, que vén de recibir unha homenaxe no colexio de primaria construído sobre as ruínas da outrora obra emigrante.


O pasado ano en Ares tivemos a oportunidade de visitar e admirar a mostra desenvolvida polo Consello da Cultura Galega en  paralelo coas tarefas realizadas no campo de investigaciòn e divulgaciòn  no marco tamén dun convenio de colaboración entre o CCG e a SXE, organizouse a exposición “Luces de alén mar. As escolas de americanos en Galicia” co gallo do centenario fundacional das sociedades de instrución radicadas en América e dos centros de ensinanza que estas implantaron e sostiveron nos seu lugares de referencia. Contouse para ela, ademais de cos datos derivados do desenvolvemento do proxecto, cos fondos gráficos, xornalísticos e documentais que posúe o propio arquivo. Despois de dúas preestreas en Santiago de Compostela e en Ortigueira, no verán de 2012, a mostra completa inaugurouse no Museo Pedagóxico de Galicia (Mupega) o 6 de febreiro de 2013. A partir de xuño do mesmo ano principiou a súa itinerancia por outras localidades da comunidade autónoma e ata o presente recalou nunha ducia delas. Desde a súa apertura, “Luces de alén mar” incorporouse como unha actividade complementaria e unha peza primordial do proxecto As escolas da emigración –consonte estaba previsto xa na fase de plantexamento desta–, e dispón na súa páxina web dunha ligazón que permite descargar libremente a edición ampliada do catálogo da mostra. Neste recóllense a totalidade dos paneis que conforman a exposición (41), precedidos de tres limiares aos que acompañan tamén unha escolma de textos de distintas épocas relacionados co tema obxecto de tratamento e unha extensa bibliografía destinada a aqueles lectores que queiran afondar nalgunhas das súas múltiples vertentes.



Cada ano, na vila de Ares (A Coruña), tan aberta ao mar, e que tantos e tantos fillos, o longo da historia veu facer a maleta e marchar na procura dun mundo mellor alás "As Americas", recordase este pasado Idiano do pobo e as suas xentes, e a enorme débeda de gratitude que Ares, ainda ten sen pagar na sua totalidade para todos eles, que ninca esqueceron as suas orixes, e axudaron a que os que quedaban tiveran unha vida mellor e un futuro.

A Actualidade do edificio  hoxe convertido en centro sociocultural e que foi sede da Alianza Aresana de Instrucciòn, fálanos daqueles tempos e da xenerosidade daqueles homes e mulleres, polo que benvido sexa esta maneira de recordar e agradecer a aqueles indianos, o seu sacrificio, en forma de festa conmemorativa, dende logo con moito mais fundamento e razón de ser que tantas festas pseudo medievais que sufrimos ao longo e ancho de Pais, durante o verán e que Eu mais ben vexo como mercadillos de lo absurdo .., ,