DE MIS SOLEDADES VENGO.
De mis Soledades.......
Me preguntaste un día; ¿Que es la soledad?
Y no pude responderte.
Ahora sé que la soledad es esto.
Caminar en el silencio de la nada sin una mano que tome la mía.
Vivir atrapado en los recuerdos, entre el miedo, la vergüenza y la añoranza.
Intentar huir del fracaso, refugiándote en el hechizo de las pequeñas cosas, insignificantes, inútiles, vacías, aunque no inocuas, porque el silencio duele, y la oscuridad de las sombras eternas atemoriza.
Vivir la certeza de que el vaho de tu aliento es tu única compañía, eso y el compás de tus pasos sobre el barro.
Y sobre todo la muerte.
Dice el refrán que más vale solo que mal acompañado. Pase todo mi infancia y adolescencia escuchando a los curas sermones sobre el peligro de las malas compañías y las influencias corruptas sobre la inocencia y pureza de los niños, y que más les valiera colgarse del pescuezo una rueda de molino a estos pervertidos.
La realidad cruda y dura, es que no es lo mismo estar a gusto contigo mismo en soledad que sentirse solo, abandonado y olvidado de todos, invisible vamos, y da autentico pavor leer en los periódicos que aquí o allá fue descubierto el cadáver momificado de gente desconocida que nadie, absolutamente nadie, familia, amigos, vecinos, nadie echó en falta.
Triste fracaso este de nuestra sociedad cada día más individualista e insolidaria, en el que solo cuentan tus recursos, tus talentos, lo que tienes es lo que vales.
Mi compañera me dice a veces en tono cariñoso pero recriminatorio que no comprende como no necesito a nadie y que soy un recalcitrante individualista solitario.
La verdad es muy diferente de lo que aparenta ser. Si, reconozco que soy bastante solitario, pero no rehúyo la buena compañía, ni una conversación inteligente y amena, posiblemente soy producto de mi sordera, las limitaciones a la hora de discriminar sonidos y oír bien resulta determinante, pero también la herencia de mi niñez condiciona y marca mi presente. No hay duda que el haberme pasado años cambiando de lugar de residencia y abandonando amigos, para volver a empezar en un sitio diferente donde no conocías a nadie sin duda forja el personaje solitario que soy, aunque por otra parte me ayudó a ser autosuficiente material y emocionalmente.
Ahora, cuando estoy a punto casi de alcanzar los setenta admito conocer a mucha, muchísima gente, personas admirables, inteligentes y amables, pero que no me aportan nada nuevo, y con las que me aburro mortalmente, y desde luego no puede calificarlas como amigos, porque un amigo es siempre aquel con el que puedes compartir con absoluta confianza, tristezas, penas, fracasos y alegrías, esas pequeñas basuritas que avergüenzan y duelen, y todo lo bueno y malo que somos y que cada día vivimos.
Un amigo es alguien que siempre está ahí, a nuestro lado, que escucha y calla, que abraza y anima, que empuja y sostiene, y que sobre todo sabe compartir tus silencios, y tus soledades mientras camina junto a ti, las manos en los bolsillos y la mirada firme en el futuro, porque sabes que no te va a fallar.
Angel Utrera.

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