RON CON MELANCOLÍA.
con mas manchas de grasa que años, qué permanecían encajados en el
hueco que formaban sus barrigas sobre la barra del mostrador, tras el que un
aburrido camarero con cara picada de viruela, daba vueltas mecánicamente a una
cucharilla que buceaba en el interior de una licorera de cristal, tiznado de
esmeralda, buscando y rebuscando en el fondo de aquello, quien sabe si a lo
peor, el tiempo perdido.
Aquel barman de tres al cuarto no me entendió o no quiso entenderme, que
para el caso era lo mismo, y me puso delante un vaso de tubo, con dos piedras
de hielo y lleno hasta la mitad de algo que por el olor debía de ser lo mas
parecido al ron que tuvieran en aquel engendro especial para borrachos nada exigentes
y solitarios sin remedio y la botella de coca cola de toda la vida.
un trago como la misma vida que
consumía a bocanadas
noche tras noche como un pez fuera del agua.
Dejé sobre el Mostrador
un arrugado billete de
cinco euros,
que encontré rebuscando en los bolsillos de mi
pantalón, y salí de
allí buscando
reconciliarme con el
aire fresco de una
noche mas,
dejando suspendidas en el aire las miradas perdidas del hastió de aquellos tipos, como Yo
mismo, víctimas y cómplices de la nada.
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