HERMAN HESSE EN EL RECUERDO.


de ellas escondido bajo el pseudónimo de Emil
Sinclair, y donde nos fue dejando perlas en forma de reflexiones intimistas
cargadas de pesimismo y autocritica por
el estado de egoísmo asocial e individualismo en el que la sociedad occidental
se hundía progresivamente, sobre el amor, la soledad, el egoísmo humano, la
cultura, o la religión, siguiendo los pasos, seguramente sin pretenderlo de
otros filósofos muy anteriores como Rousseau y su "El hombre es un lobo
para el hombre", o incluso de Platón muchos siglos antes, creador del mito
de la caverna, juego de conceptos, luces y sombras de los que el escritor fue
un apasionado defensor en sus escritos.

El autor de la crisis, como se le conoce por algunos, conquistó la
comprensión y llegó al corazón en el descontento de la juventud de aquellos
años, previos a lo que a la postre sería la segunda gran contienda mundial y
que supuso el fin de todo el orden conocido hasta ese momento.
El existencialismo latente en todos sus publicaciones, la búsqueda
de hombre consecuente, en paz y armonía con la naturaleza, a través casi de las
doctrinas Zen y la filosofía oriental, nos dan cuenta de su frustración y
desencanto vital que choca frontalmente con el materialismo occidental de las
modernas sociedades en aquel entonces. Si hoy levantara la cabeza, sin duda su confusión
y descontento le haría regresar allí donde reposa en paz.
Que persiste en nuestros días de aquel espíritu contestatario y
racional de una juventud que pocos años más tarde sería masacrado en los campos
de batallas del mundo entero por la metralla de las bombas y las balas de los fusiles?
¿Que podemos rescatar de aquel Lobo Estepario, o del mismo Siddhartha
símbolos junto con otros libros emblemáticos como el Guardián en el Centeno, de
Salinguer, escritor maldito, y símbolos del movimiento Hippie, que sacudió los
Estados Unidos, y por ende Europa, de cabo a rabo, con lemas como "Haz el
amor y no la guerra".?

Leer a Herman Hesse a pesar de los pesares es hacer un ejercicio
de saneamiento del cuerpo y de la mente, admirar su contenido crítico, su
capacidad de reflexión, el derecho de introspección que rezuman sus páginas,
que desde luego no dejaran indiferente al lector, sobre todo si se hace con la
mente limpia y dispuesto a admitir la autocritica, la censura y aceptar esa única
gran verdad que nadie puede falsear, la de que la persona que se refleja en el
espejo del baño cuando nos miramos, somos nosotros, aunque no nos recordemos ni
nos guste.

Angel Utrera.
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