miércoles, 21 de junio de 2017

HERMAN HESSE EN EL RECUERDO.

La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero (Hesse, 1919).


Herman Hesse, autor de culto para los jóvenes de hace cuarenta, cincuenta años y hoy prácticamente residual para algunos estudiosos de la literatura y la psicología a lo largo de sus muchos años de escritor nos ha dejado joyas como El Lobo Estepario  publicado en 1927, o  Siddhartha que vio la luz en 1922, o el Juego de los abalorios de 1943, algunas 



de ellas escondido bajo el pseudónimo de Emil Sinclair, y donde nos fue dejando perlas en forma de reflexiones intimistas cargadas de pesimismo y autocritica  por el estado de egoísmo asocial e individualismo en el que la sociedad occidental se hundía progresivamente, sobre el amor, la soledad, el egoísmo humano, la cultura, o la religión, siguiendo los pasos, seguramente sin pretenderlo de otros filósofos muy anteriores como Rousseau y su "El hombre es un lobo para el hombre", o incluso de Platón muchos siglos antes, creador del mito de la caverna, juego de conceptos, luces y sombras de los que el escritor fue un apasionado defensor en sus escritos.    







El autor de la crisis, como se le conoce por algunos, conquistó la comprensión y llegó al corazón en el descontento de la juventud de aquellos años, previos a lo que a la postre sería la segunda gran contienda mundial y que supuso el fin de todo el orden conocido hasta ese momento.
El existencialismo latente en todos sus publicaciones, la búsqueda de hombre consecuente, en paz y armonía con la naturaleza, a través casi de las doctrinas Zen y la filosofía oriental, nos dan cuenta de su frustración y desencanto vital que choca frontalmente con el materialismo occidental de las modernas sociedades en aquel entonces. Si hoy levantara la cabeza, sin duda su confusión y descontento le haría regresar allí donde reposa en paz.




Que persiste en nuestros días de aquel espíritu contestatario y racional de una juventud que pocos años más tarde sería masacrado en los campos de batallas del mundo entero por la metralla de las bombas y las balas de los fusiles?
¿Que podemos rescatar de aquel Lobo Estepario, o del mismo Siddhartha símbolos junto con otros libros emblemáticos como el Guardián en el Centeno, de Salinguer, escritor maldito, y símbolos del movimiento Hippie, que sacudió los Estados Unidos, y por ende Europa, de cabo a rabo, con lemas como "Haz el amor y no la guerra".?



Sin duda en la actualidad los personajes divididos y duales de Hesse, burgueses descontentos y fracasados en su soledad e individualismo, añorando algo que ni ellos mismos eran capaces de imaginar, reflejo en el que se contemplaron muchos de los que hoy rondamos los sesenta y mas, en sus años de juventud, no queda absolutamente nada, ni siquiera la curiosidad y el deseo de leer aquellos libros con los que muchos de nosotros nos formamos para bien o para mal como libertarios y soñadores de un mundo mejor.
Leer a Herman Hesse a pesar de los pesares es hacer un ejercicio de saneamiento del cuerpo y de la mente, admirar su contenido crítico, su capacidad de reflexión, el derecho de introspección que rezuman sus páginas, que desde luego no dejaran indiferente al lector, sobre todo si se hace con la mente limpia y dispuesto a admitir la autocritica, la censura y aceptar esa única gran verdad que nadie puede falsear, la de que la persona que se refleja en el espejo del baño cuando nos miramos, somos nosotros, aunque no nos recordemos ni nos guste.


Hesse, si tiene algo todavía que enseñarnos, es que nadie puede dar de lado  jamás la búsqueda de sí mismo, aunque ello signifique insatisfacción y disconformidad contigo mismo, porque sin duda "el saber te hace libre, pero produce una creciente insatisfacción vital, aunque resulta tan sumamente difícil reconocerlo en nuestra banalizada y estúpida sociedad del marketing, las técnicas de ventas y el todo vale por el bien de esta aldea global en la que hemos transformado el planeta.   
Angel Utrera.


Publicar un comentario