MI MADRE SIN MI. (MICRORELATOS CON SABOR A SAL).
Cada día mas fácilmente,
si hago un pequeño ejercicio de esfuerzo
mental soy capaz de traer a mi lado su imagen y recupero intacto su recuerdo, de entre las sombras
borrosas del pasado olvidado. Incluso en ocasiones, puedo llegar a oír su voz
perfectamente clara, con ese leve deje andaluz, ese acento y ceceo que nunca
abandonó del todo pese a los años vividos fuera de su Málaga natal, tan lejos
de aquel barrio populoso, popular del Perché, del que no quería ni oír hablar,
mucho menos recordar su infancia en él y
sentir su presencia sentada a mi lado mientras estudio un examen cualquiera y
ella me cuenta sus cosas y me habla de
su infancia, de la guerra, de cómo conoció a mi padre, de que quería trabajar y
estaba estudiando en una academia de escribir a máquina para secretarias, del
miedo cuando entraron los moros en Málaga de sus padres, mis abuelos; Papa Pedro
y Mama Sofía, el punto y la I, tan alto el y tan chiquitina mi abuela, tan
serio él y tan simpática y cariñosa ella, siempre riendo y contando
chascarrillos, con aquel; anda toma, al darme un peseta para comprarme una
gaseosa y que no se entere tu abuelo .
Quien no recuerdo
todavía aquella "Sección femenina", de Pilar Franco, y aquellas
clases de Formación del Espíritu Nacional, siempre impartidas por un profesor,
antiguo ex-combatiente o miembro de Falange Española y de las Jons.
Si cierro los ojos
puedo volver a verla cuando en cuando me
daba hilo y aguja para que se la enhebrara, mientras Yo hacía los deberes del
colegio y de cuando en cuando sin que se diera cuenta la observaba, por el puro
placer de mirarla y verla a mi lado.
Mujeres para las que el
futuro guardaba un único destino; el de madre
y esposa, y quiero creer que a lo largo
de su vida fue relativamente feliz, y se sintió realizada como mujer, como
madre, y como persona, a pesar de que en ocasiones, en demasiadas ocasiones
para un niño de pocos años, la vi llorar y sentí su tristeza y su dolor, sin
comprender las razones, con el tiempo fui comprendiendo aquellas lagrimas,
ahora cuando casi he llegado a sus años, la entiendo y sé lo que sentía su
corazón, cuando se desbordaba en un
amargo llanto, porque no le cabían mas lágrimas en su interior.

Siempre quiso ser independiente, y libre para decidir y hacer, en un tiempo en que para la ley y la sociedad, la mujer era menor de edad, se consideraba incapacitada legalmente y sometida la patria potestad, primero de su padre, y después de su marido.
Hay que recordar que
hasta el año 1985 las mujeres no podían libremente abrir y disponer de una
cuenta corriente en un banco cualquiera, y que el derecho de sufragio había
ocasionado llanto, sudor y lagrimas conseguirlo.
Sus sueños de igualdad,
e independencia forjados en un carácter libre y el convencimiento de que ella
era capaz de hacer lo que se propusiera, se torcieron para siempre por culpa de
algo tan simple y natural como el amor, de esta forma y tal y como sucedía y
sigue sucediendo hoy en día, sacrificó su futuro como mujer independiente
social y laboralmente, por tener una familia, un marido y convertirse en la
Señora de, traer al mundo cinco hijos y soportar dos abortos, era lo que la
época demandaba como papel, como rol especifico y único de la mujer; Ama de
casa, de profesión sus labores, esposa, madre y abnegada empleada de su hogar,
reposo del guerrero, y en su casa con la pata quebrá, como reza el dicho
andaluz.
Mi madre sin mi, como
tantas y tantas que lo dieron todo por nosotros, mujeres extraordinarias, fuertes y generosas y ahora de vez en cuando al
recordarla se nos forma un rictus amargo de tristeza y una media sonrisa de
ternura en los labios, mientras figuradamente le damos un beso de "Buenas
noches", mama.
Angel Utrera
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