sábado, 9 de abril de 2016

FERROL EN BRANCO E NEGRO

Erase que se era una
ciudad inventada

que vivía en un cuento
aún por escribir sobre un folio en blanco.
Erase que se era una
ciudad y un cuento, entonces diré.
Sus calles estaban
asfaltadas de algodón dulce
y paludu del que compraba
yo en las ferias de antes
aquellas ferias de luz y
ruidos de altavoces
entre farolillos de
colores y viznagas en el pelo de las mozas.
Aroma de verano en noches
de jazmines y rejas de balcones.
Las aceras de la ciudad
soñada eran de helado de fresa y nueces
que digo Yo que debe
saber muy rico, aunque a mi no me guste.
La ciudad inventada era
toda ella de nubes, a veces como cielo emborregado
otras tiznado de negro de
tormenta, de las que da miedo
y metes la cabeza bajo
las mantas si no te duermes .
En la ciudad del cuento
solo había casas sin paredes ni puertas que cerrar
porque nadie nunca ponía
cerraduras,
ni tenían llaves, ni
llaveros los serenos de las calles  
y la gente miraba por las
ventanas sin ver nada, como en los sueños.
Aquella ciudad no tenía
parques para los juegos infantiles de los niños
ni toboganes, ni tio
vivos
ni autobuses escolares,
ni risas, ni que te pillo
porque era una ciudad
silenciosa
donde en su
ayuntamiento  mandaba el silencio, que
era su alcalde
 y el ruido no existía nunca
ni siquiera se inventara
todavía el tiempo
nadie  tenia prisa, para hacer ¿Que?, se preguntaban
no existían relojes, ni
campanas en las torres de las iglesias
tampoco habia lágrimas en
los ojos de la gente
nadie sabia llorar, ni se
tenías recuerdos tristes
ni tan siquiera
cementerios ni mucho menos muertos.
Aquella era una ciudad
que se borraba poco a poco
hoy una calle, mañana un
barrio o una plaza,
llegaba la niebla y
desaparecía sin mas ni mas,
una ciudad fantasma ,inventada
sin pasado, ni futuro,
tan solo un cuento, quizás.       
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