viernes, 3 de marzo de 2017

ALEJANDRA PIZARNIK. (POETA MALDITA, BENDITA POETA)

Alejandra Pizarnik; (Argentina, 1936-1972). Nace en Buenos Aires el 29 de Abril del año de  inicio de nuestra guerra civil, la del golpista Franco y sus generales, contra la Republica legalmente constituida. Sus escritos hablan de jaulas, de barcos, de ojos,de vinos, de cielos, de lunas de vaginas, de amores de deseos, de entregas y orgasmos,  de azares, de flores y de piedras-muy-pesadas, de tristezas soledades y fracasos.
Es surrealista, sexual, depresiva, feministas de vanguardia, luchadora incansable y agotada en si mismo, aunque no para sus lectores apasionados, que encontramos en sus escritos una puerta de salida hacia la nada.
En sus poemas siempre es de noche y hay una caja de barbitúricos cerca, por si apetece decir "hasta aquí" y descolgar el teléfono para siempre. Es una niña monstruo -como llamaba ella a Janis Joplin cuando se encomendaba a su influjo-, una mística, una hembra revolcada en el despojo; tan frágil que no está nunca -porque siempre se acaba de ir- y tan sensorial que vive en los objetos de tu casa. No duele pero duele en todas partes. "Tú eliges el lugar de la herida", (Dejó escrito en uno de sus poemas). 
   Fue una poeta  nacida y criada en argentina con origen ruso, y sabor a rusia y sus poetas y escritores malditos, de donde bebía, tal vez inconscientemente, aunque nunca regreso . Los orígenes de sus padres marcaron su vida desde el principio; su apellido original, Pozharnik, se perdió como tantos otros al entrar en su nuevo país, al cual llegaron sin entender ni  hablar una palabra de castellano, escapando del hambre, el horror de la revoluciòn y la guerra .
Germen que la estigmatizó, marcando su corta vida aún sin ser consciente de ello.








Desde pequeña, la muerte la tocó de cerca y más tarde sería protagonista de sus obras, junto con el inconsciente; casi todos los familiares que permanecieron en su tierra natal fallecieron en manos del fascismo y el estalinismo. Como si el exilio de sus padres y la tragedia que la rodeaba no hubieran sido suficientes cargas para su tierna edad, su autoestima se vio minada por su fuerte acento al hablar, tartamudez y problemas de peso, entre otras cuestiones que probablemente ella sola conocía.
En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Letras y también estudió pintura. Dados sus reincidentes cuadros de depresión, comenzó a hacer terapia, donde descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual vuelve más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como "
La jaula".
Su primer libro, "La Tierra Más Ajena", fue publicado en 1955 con el apoyo económico de 
su padre. Antes de quitarse la vida el 25 de septiembre de 1972, escribió cerca de 10 poemarios y comenzó a abordar la prosa.
Cuando era pequeña, lloraba su acné y se dopaba a anfetaminas para bajar de peso. Se volvió adicta a las pastillas y vívía a caballo entre el insomnio y la euforia: cisnes enfermos volando bajo por aquí. Reventaba a complejos. Tenía celos de su hermana mayor. Tartamudeaba.
Sus padres eran joyeros, inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco. Ella hablaba español con acento europeo y se sentía extranjera en cualquier lado, hasta en su lengua. Una intrusa diminuta -con el pelo a lo garçon y los ojos hundidos- paseando el barrio de Avellaneda. "Ellos y yo sabemos / que el cielo tiene el color de la infancia muerta".
Fue siempre una lectora, empedernida y recalcitrante, poeta, escritora, pero sobre todo como ella misma decía lectora. Por eso mamó del romanticismo, del surrealismo, del simbolismo francés. Lírica, psicoanalítica, falta siempre de algo, de alguien inalcanzado, insatisfacciòn completa, busqueda tota de no se sabe que, un sentimiento tragico de la vida, que recuerda a nuestro lorca en ocasiones, al desdoblarse, entre sus muchos Yo, almas muertas y deseos de vivir a pear de todo..

 "He nacido tanto / y doblemente sufrido / en la memoria de aquí y de allá", escribe. Y también: "Ahora / en esta hora inocente / yo y la que fui nos sentamos / en el umbral de mi mirada". Más: "Recuerdo con todas mis vidas / por qué olvido".
 "La vida juega en la plaza / con el ser que nunca fui (...) mi vida / mi sola y aterida sangre / percute en el mundo / pero quiero saberme viva / pero no quiero hablar / de la muerte / ni de sus extrañas manos".
Empezó Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. No la acabó. Dio cursos de pintura, de literatura y periodismo; aprendiz de mucho, como sus deseos insatisfechos y sueños inalcanzados y maestra de nada, o de poco, siempre carente de métodologia de trabajo, pero sobradamente generosa en creatividad y genio.
Dicen que su familia mutiló sus diarios por pudores. Dicen que se enganchó -no se sabe si platónicamente- a Elizabeth Azcona Cranwell, que formaba parte del grupo de Poesía Buenos Aires reunidos siempre en el Palacio do Café de calle Corrientes.
Pizarnik le escribió: "Para Elizabeth que sabe que las aventuras perdidas son: / una niña en busca de su nombre secreto / una muchacha corriendo detrás del amor (...) Prohibido olvidarse". Nunca confesó ser lesbiana. Le asustaba la palabra "homosexual": "Prejuicios viejos en mi vida joven".
Sentía su seco como una forma de violencia. "D. vuelve a mostrar sus fauces de hembra de alcoba. La deseo profundamente. Su cercanía es como una premasturbación (...) Tan sucia y superficial. Tan adorable. Tan lejana", cuentan algunas de sus confesiones que duermen en la Biblioteca de Princeton. "Hoy llegué a un pobre orgasmo después de imaginar mucho tiempo que los nazis me apuntaban y me entregaban a un militar tenebroso y muy temido, que me castigaba mientras fornicaba conmigo... de todos modos, lo esencial es esto: me excita que me castiguen". 
Muchos de sus poemas son vaginas abiertas; y eso la arrastró a convertirse en un icono del feminismo. Por sacar la cabeza como poeta cuando otras no pudieron. Por hablar de erotismo, de frustración y de desgarro. Por hacerlo desde la óptica de la feminidad. "Una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo / se abre / a la delicada urgencia del rocío", escribió en Amantes. Ganas mustias de sí misma y de otros: "Triste cuando deseo y cuando no. / Triste cuando con un cuerpo y cuando no". Contaba que sentía "un entrañable calor que me abriga cuando el mundo me golpea", y que ese calor era "el de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero".
En París vivió con hombres y mujeres. Allí trabajó para la revista Cuadernos y para algunas editoriales francesas; tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy; estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Se hizo amiga de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz. Este último le escribió el prólogo de Árbol de Diana (1962), su cuarto poemario. Dijo que el libro era "la cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas" y que el producto no contenía "una sola partícula de mentira". Dijo que era "una higuera mítica", dijo que muchos no lo entenderían.....
Finalmente puso el punto y final a su vida, haciendo mutis callado por el foro con tan solo 36 años, toda una ironía ingiriendo   50 pastillas de Seconal, una tras otra mezclada con un coktel de alcohol para hacerlo mas efectivo y salir de este infierno que habia sido su existencia. 
Finalmente alcanzo el descanso y la paz que en vida no pudo conseguir y nos dejó en sus escritos constancia de sus silencios sordos, de sus noches con colmillos de lobo, de sus licores furiosos. Quería morir "como muere un animal pequeño en los cuentos para niños -eso tan terrible lleno de hermosura-". Y se fue en medio de ese intento suyo de "explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome".


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