ALEJANDRA PIZARNIK. (POETA MALDITA, BENDITA POETA)

Es surrealista, sexual, depresiva, feministas de
vanguardia, luchadora incansable y agotada en si mismo, aunque no para sus
lectores apasionados, que encontramos en sus escritos una puerta de salida
hacia la nada.
En sus poemas siempre es de noche y hay una caja de
barbitúricos cerca, por si apetece decir "hasta aquí" y descolgar el
teléfono para siempre. Es una niña monstruo -como llamaba ella a Janis Joplin
cuando se encomendaba a su influjo-, una mística, una hembra revolcada en el
despojo; tan frágil que no está nunca -porque siempre se acaba de ir- y tan
sensorial que vive en los objetos de tu casa. No duele pero duele en todas
partes. "Tú eliges el lugar de la herida", (Dejó escrito en uno de
sus poemas).

Germen que la estigmatizó, marcando su corta vida aún sin ser
consciente de ello.

En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Letras y también estudió pintura. Dados sus reincidentes cuadros de depresión, comenzó a hacer terapia, donde descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual vuelve más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como "La jaula".
Su primer libro, "La Tierra Más Ajena", fue publicado en 1955 con el apoyo económico de su padre. Antes de quitarse la vida el 25 de septiembre de 1972, escribió cerca de 10 poemarios y comenzó a abordar la prosa.

Sus padres eran joyeros, inmigrantes
judíos de origen ruso y eslovaco. Ella hablaba español con acento europeo y se
sentía extranjera en cualquier lado, hasta en su lengua. Una intrusa diminuta
-con el pelo a lo garçon y los ojos hundidos- paseando el
barrio de Avellaneda. "Ellos y yo sabemos / que el cielo tiene el color de
la infancia muerta".
Fue siempre una lectora,
empedernida y recalcitrante, poeta, escritora, pero sobre todo como ella misma
decía lectora. Por eso mamó del romanticismo, del surrealismo, del simbolismo
francés. Lírica, psicoanalítica, falta siempre de algo, de alguien inalcanzado,
insatisfacciòn completa, busqueda tota de no se sabe que, un sentimiento tragico
de la vida, que recuerda a nuestro lorca en ocasiones, al desdoblarse, entre
sus muchos Yo, almas muertas y deseos de vivir a pear de todo..

"La vida juega en la plaza / con el ser
que nunca fui (...) mi vida / mi sola y aterida sangre / percute en el mundo /
pero quiero saberme viva / pero no quiero hablar / de la muerte / ni de sus
extrañas manos".
Empezó Filosofía y
Letras en la Universidad de Buenos Aires. No la acabó. Dio cursos de pintura,
de literatura y periodismo; aprendiz de mucho, como sus deseos insatisfechos y
sueños inalcanzados y maestra de nada, o de poco, siempre carente de
métodologia de trabajo, pero sobradamente generosa en creatividad y genio.
Dicen
que su familia mutiló sus diarios por pudores. Dicen que
se enganchó -no se sabe si platónicamente- a Elizabeth Azcona Cranwell, que
formaba parte del grupo de Poesía Buenos Aires reunidos siempre en el Palacio
do Café de calle Corrientes.
Pizarnik
le escribió: "Para Elizabeth que sabe que las aventuras perdidas son: /
una niña en busca de su nombre secreto / una muchacha corriendo detrás del amor
(...) Prohibido olvidarse". Nunca confesó ser lesbiana. Le asustaba la
palabra "homosexual": "Prejuicios viejos en mi vida joven".
Sentía su seco como
una forma de violencia. "D. vuelve a mostrar sus fauces de hembra de
alcoba. La deseo profundamente. Su cercanía es como una premasturbación (...)
Tan sucia y superficial. Tan adorable. Tan lejana", cuentan algunas de sus
confesiones que duermen en la Biblioteca de Princeton. "Hoy llegué a un
pobre orgasmo después de imaginar mucho tiempo que los nazis me apuntaban y me
entregaban a un militar tenebroso y muy temido, que me castigaba mientras
fornicaba conmigo... de todos modos, lo esencial es esto: me excita que me
castiguen".
Muchos
de sus poemas son vaginas abiertas; y eso la arrastró a convertirse en un icono
del feminismo. Por sacar la cabeza como poeta cuando otras no pudieron. Por
hablar de erotismo, de frustración y de desgarro. Por hacerlo desde la óptica
de la feminidad. "Una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo / se
abre / a la delicada urgencia del rocío", escribió en Amantes.
Ganas mustias de sí misma y de otros: "Triste cuando deseo y cuando no. /
Triste cuando con un cuerpo y cuando no". Contaba que sentía "un
entrañable calor que me abriga cuando el mundo me golpea", y que ese calor
era "el de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este
rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero".

Finalmente
puso el punto y final a su vida, haciendo mutis callado por el foro con tan
solo 36 años, toda una ironía ingiriendo
50 pastillas de Seconal, una tras
otra mezclada con un coktel de alcohol para hacerlo mas efectivo y salir de
este infierno que habia sido su existencia.
Finalmente
alcanzo el descanso y la paz que en vida no pudo conseguir y nos dejó en sus
escritos constancia de sus silencios sordos, de sus noches con colmillos de
lobo, de sus licores furiosos. Quería morir "como muere un animal pequeño
en los cuentos para niños -eso tan terrible lleno de hermosura-". Y se fue
en medio de ese intento suyo de "explicar con palabras de este mundo / que
partió de mí un barco llevándome".
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