ELOGIO DE LA TRISTEZA
El agua juega al escondite
formando pequeñas islas y descubriéndonos en sus orillas auténticos vergeles,
de altas y esbeltas palmeras, carrizos, plantas de papiro y otras herbáceas en
las que pequeños pajarillos de colores se posan tranquilamente. Gigantescas
paredes de piedra, bolos graníticos redondeados por el viento del desierto y la
exuberancia del verde que contrasta con la sequedad y la aridez de la duna,
comienzo del desierto estéril y pedregoso que se adivina al alcance de la mano,
nada más poner pié a tierra.
Nuestra lancha se deja ir bajo un
sol de justicia que abrasa la piel y deslumbra por su luz y los reflejos de sus
rayos sobre el agua clara en ocasiones casi transparente, y en el solpor de la
atardecida nos sorprendemos hechizados por la mágica atracción de este paraje
multicolor, multiforme que embriaga los sentidos y atrapa los corazones en la devoción
del silencio compartido como si accediéramos a sagrado por primera vez.
en los libros sagrados, en
los cuentos mitológicos, en las leyendas de mil y una noche, donde aparecían
ladrones de Bagdad, poderosos Califas y Faraones, Harenes escondidos a las
miradas lujuriosas de insinuantes mujeres de incomparable belleza y cuerpos tan
deseables como inalcanzables para el común de los mortales que soñábamos en
húmedos sueños de adolescentes púberes
de sexo galopante con aquellos Bereberes de los Oasis frescos en desiertos
perdidos, misteriosos y lejanos.
Acompañados del sonido del motor
de nuestra lancha en la que navegamos mecidos suavemente acariciados por la
brisa de la tarde, mientras nos dejamos ir y nos acercamos envueltos en la tela
de araña de mil imágenes mágicas, sorprendentes, irrepetibles hasta el embarcadero próximo de este pueblo
Nubio donde nada más poner los pies ya nos envuelve el aroma dulce y desconocido de las especias que se
ofrecen en un mercadillo mas, mientras sus vendedores de humo y hambre nos
ofrecen sus baratijas, y uno de ellos nos vende nada menos que un viaje con "Fernando Alonso", el
camello más veloz del desierto,....Subir es gratis, bajar, cincuenta libras,
todo un autentico regalo.
Nada más entrar la descubro
frente a nosotros mirándonos sin ver, como ausente, no da muestras de nada, no
hay ninguna expresión en su rostro, salvo la de la tristeza, su cara no manifiesta
reacción de ningún tipo, si acaso hastío e indiferencia serena y tristeza,
mucha tristeza, una tristeza sobrecogedora que me corta la alegría, y hace
desaparecer mi sonrisa de los labios, porque siento de repente el peso de su
tristeza, sobre mí como un inmenso agujero negro insondable que me atrapa y en
el que me sumerjo obligándome a seguir su silueta, a controlar sus gestos a
buscar sus ojos negros y su mirada extraviada, acompañando su elegancia de
forma solidaria, sus delicados movimientos, su transparencia.
Me sorprendo preguntándome cual
será la razón oculta de esta misteriosa tristeza. Que secreto inviolable y
desconocido esconderá la sombra que vela la negrura de sus ojos que no son
capaces de levantarse del suelo y mirarnos abiertamente, de frente, cara a cara.
Permanece sentada sobre el murete
que divide el patio de entrada de la vivienda, con la sala de estar, de la casa
que nos acoge, y en cuyos sillones nos
sentamos cómodamente mientras tomamos un té frio o caliente según los gustos,
con el que nos dan la bienvenida hospitalaria. Y ella sigue impertérrita, las
manos, los dedos entrelazados sobre su regazo, su cabeza delicadamente
inclinada sobre el incipiente pecho que se insinúa y adivina bajo la túnica
verde con la que se cubre y viste en tanto el chador, el pañuelo típico musulmán
oculta su pelo que supongo negro y cubre la cabeza .
Desde que la descubrí he quedado
prisionero de su misterio, atrapado por esa insondable tristeza que me atrae y
me da miedo, tan desconocida para mí que no sé nada de ella ni de su vida, ni
de su presente, ni si tiene o no tiene futuro, nada se de su familia, los
habitantes de esta casa, ni de su pueblos, ni de su historia pasada, lo ignoro
todo de este pueblo Nubio mucho mas de sus mujeres, sus hijos, de las esposas de estos hombres
corpulentos y fuertes de piel negra que llegaron como esclavos de los faraones
y aquí siguen sin mezclarse con los nuevos egipcios, manteniendo sus
tradiciones, sus costumbres, casándose entre ellos, sin mezclarse ni compartir
la cultura de clase ni pueblo, ni raza.
Quizás, fantaseo mientras puedo,
e invento soñador, un sueño para ella, tal vez me digo se siente prisionera,
esclava, moderna cautiva entre dos tiempos extraños, de mundos diferentes y tan
apartados, atrapada en este mundo tercero mientras observa y descubre la
opulencia fantástica de los que llegamos allende los mares, desde occidente,
cargados de contradicciones y pecados, un mundo tan diferente del suyo como
deseable para huir de la miseria en la que se siente encadenada .
Ahora toma la mano, con una
suavidad extrema de una chica, una turista mas sobre la que va a realizar un típico
dibujo, un tatuaje nubio, extraños arabescos mágicos cuyo origen se pierden en
la noche de los tiempos y que tradicionalmente adornan la piel de las gentes de
este pueblo.
Angel utrera
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