lunes, 12 de diciembre de 2011

EL COLECCIONISTA DE PAPEL



El coleccionista de papel
abriò la puerta de su barracòn borroso
mientras encendia el último cigarrillo
de picadura barata.
El resplandor de la yesca al prender
las hebras de tabaco rancio
iluminò con un brillo apagado
el mortecino color de sus pupilas de gato
atrapadas en el negro del picon y la miseria
del tiempo malgastado.
El coleccionista de papel
sonreia a la infinita negrura de la noche
al recordar sus manos, tan suaves al acariciarlo
el dulce sabor de sus labios
la dureza de aquellos pezones jovenes entre sus manos
la humeda herida de su vientre virgen
y mientras viajaba entre recuerdos
se embarcaba hacia el largo viaje sin retorno
de la nada
en el vacio oscuro de la muerte,
por unas monedas de cobre.
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