miércoles, 21 de diciembre de 2011

EL EXTRAÑO.



Unos cuantos años después que yo naciera, mi padre conoció a un extraño, recién llegado a nuestra pequeña población. Desde el principio, mi padre quedó fascinado con este encantador personaje, y enseguida lo invitó a que viviera con nuestra familia, a pesar de que ello suponia un considerable esfuerzo economico, en una familia numerosa y humilde,de lo que por aquel entonces se empezaba a conocer como clase media que se veia obligada a privaciones y muchos numeros para llegar a fin de mes,con la firma de mi padre, en aquellos papeles timbrados que representaban un reconocimiento de deuda a un vencimiento fijo, y que se llevaban una buena parte de su sueldo ; "las Letras".
Por supuesto que mi madre tenia como ocupaciòn, sus labores, como todas las madres de aquella època.
El extraño aceptó y desde entonces ha estado con nosotros.
Mientras yo crecía, nunca pregunté su lugar en mi familia; en mi mente joven ya tenía un lugar muy especial.
Mis padres eran instructores complementarios:
Mi madre me enseñó lo que era bueno y lo que era malo y mi padre me enseñó a obedecer.
Pero el extraño era nuestro narrador.
Nos mantenía hechizados por horas con aventuras, misterios y comedias.
El siempre tenía respuestas para cualquier cosa que quisiéramos saber de política, historia o ciencia.
¡Conocía todo lo del pasado, del presente y hasta podía predecir el futuro!
Llevó a mi familia al primer partido de fútbol.
Me hacia reír, y me hacía llorar.
El extraño nunca paraba de hablar, pero a mi padre no le importaba.
A veces, mi madre se levantaba temprano y callada, mientras que el resto de nosotros estábamos pendientes para escuchar lo que tenía que decir, pero ella se iba a la cocina para tener paz y tranquilidad. (Ahora me pregunto si ella habra rogado alguna vez, para que el extraño se fuera.)
Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas. Las blasfemias, las malas palabras, por ejemplo, no se permitían en nuestra casa… Ni por parte de nosotros, ni de nuestros amigos o de cualquiera que nos visitase. Sin embargo, nuestro visitante de largo plazo, lograba sin problemas usar su lenguaje inapropiado que a veces quemaba mis oídos y que hacia que papá se retorciera y mi madre se ruborizara.

Mi padre nunca nos dio permiso para tomar alcohol. Pero el extraño nos animó a intentarlo y a hacerlo regularmente.
Hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos, y que los cigarros y las pipas se vieran distinguidas.
Hablaba libremente (quizás demasiado) sobre sexo. Sus comentarios eran a veces evidentes, otras sugestivos, y generalmente vergonzosos.

Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.
Repetidas veces lo criticaron, mas nunca hizo caso a los valores de mis padres, aun así, permanecio en nuestro hogar.

Han pasado más de cincuenta años desde que el extraño se mudó con nuestra familia. Desde entonces ha cambiado mucho; ya no es tan fascinante como era al principio, pero a pesar de todo y aunque a veces lo odiemos, sigue ahi, y como una metastasis cancerigena, se ha ido multiplicando por nuestra casa, ocupandolo todo; La sala, la cocina, los dormitorios mio y de mis hermanos.
Ha arruinado nuestra capacidad de conversaciòn, ya que siempre estamos pendientes de lo que nos puede decir, aunque ya no nos sorprende, y la mayoria de las veces consideramos su discurso como una sarta de paparruchas y patrañas de mercachife de feria barata. Ya ni siquiera nos sentamos en torno a la mesa para comer o cenar, y contarnos nuestras penas y alegrias, nuestros problemas o escuchar lo que nos ha ocurrido, cogemos el plano y nos sentamos a engullir los alimentos, por necesidad, mientras sus cantos de sirena nos hechizan como un nuevo flautista de Hamelin.

No obstante, y a pesar de que lo odiamos, y nos hemos dado cuenta de que es un encantador de serpientes,falso y embustero, si hoy usted pudiera entrar en la guarida de mis padres, todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando por si alguien quiere escuchar sus charlas o dedicar su tiempo libre a hacerle compañía...

¿Su nombre?
Nosotros lo llamamos Televisor...

Nota:

¡Ahora tiene una esposa que se llama Ordenador
y un hijo que se llama Móvil y se reproducen por mutaciòn incontrolada y hasta el infinito, como la peor de las plagas del antiguo Egipto. !
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