VIVIR DE PROPINA .-
Para los Egipcios la corrupción
generalizada, el soborno, los pagos en negro, o simplemente la propia para
conseguir algo, resulta tan natural como respirar.
Resulta absolutamente normal
tener que pagar una determinada cantidad extra, un pequeño soborno o gratificación
cada vez que se precisa un documento, la prestación de un servicio, o que te
atiendan; mucho o poco depende del valor
y la urgencia de lo que se precisa, o más aún del sentido que cada cual le dé
al dinero y si puedes o no asumir este sobre coste.
Es absolutamente usual asumir
este sobre coste, para conseguir cualquier documentación oficial, gubernamental,
permiso municipal, etc. ya que la lentitud en su obtención, hacen inviable su obtención
por el conducto reglamentario y aconsejan la mordida cuanto mayor según tu
urgencia y necesidad.
Así ocurre ante un funcionario,
un policía, para que tus hijos reciban una mínima atención por parte del
maestro, al solicitar los servicios médicos, y en todo y con todo lo que
constituye el día a día de las necesidades básicas de cualquier persona en
cualquier País de mundo mundial.
Entre los Egipcios no se
comprende el concepto de "Salario mínimo, ni máximo", cada cual gana
lo que puede, y una cierta cantidad en "B", como sobresueldo que te
ayuda a ir tirando y que va a depender de tu puesto, tu habilidad, tu descaro y
tus instintos para estimular al pago a los demás.
No se entiende el futuro, ya que
lo único valido es el día a día y sobrevivir, por tanto no está generalizado el
cotizar para el futuro, y tu vejez, porque se da por supuesto que la familia
cuidará de ti cuando ya no puedas valerte por ti mismo y seas un anciano.
Lo normal es no pagar impuestos
si puedes escabullirte, con lo que lógicamente los servicios públicos básicos,
resultan muy deficientes, puesto que el Estado no ingresa lo suficiente de sus
contribuyentes como para que la sostenibilidad del sistema resulte viable.
El caso más claro de contra sentido
lo encontramos en la educación, uno de los pilares del estado del bienestar.
Existe enseñanza pública es gratuita, pero muy deficiente con clases con la
asistencia de más de setenta niños por aula, por lo que los padres se ven
obligados a enviar a sus hijos a escuelas privadas y clases de apoyo que
evidentemente tienen que pagar.
De esta forma se paga el doble,
de si todos pagaran los impuestos que realmente les corresponden por sus
ingresos, si estos fueran los que no son.
La excusa perfecta es que la vida
es muy cara en Egipto y carecemos de todo, pero para algunas voces entendidas y
concienciadas, la realidad no es esta sino mas bien la ausencia total de concienciación
entre sus conciudadanos del sentido de la solidaridad, la educación, y el
convencimiento de que el sistema público solo persiste si se contribuye y
sostiene entre todos, en un sistema en el que el gasto mayor por parte del
Estado se destina a seguridad exterior, de un ejército en continuo pie de
guerra y vigilia ante sus fronteras con Sudan, Israel, o Libia, sus enemigos
tradicionales y naturales, y ahora además incrementada por el reforzamiento de
la seguridad interior, ante los gravísimos ataques perpetrados por los grupos
terroristas fundamentalistas árabes y
sufridos por el turismo, fuente principal de sus recursos que han
provocado el empobrecimiento del pueblo egipcio en un sector del que dependen casi cincuenta
millones de personas, de forma directa e indirecta .

El resultado final es un País caótico,
en el que el reciclado y el todo sirve y todo vale es la consecuencia lógica de
un concepto vital absurdo en donde la
suciedad es la norma, en el que sálvese el que pueda es el mejor exponente de la filosofía árabe, y donde la pillería,
el trapicheo, el regateo, el soborno la corrupción y el engaño son normas de
subsistencia básica.

Aquí lo corriente es vivir de
propina, y comprar y vender cualquier cosa, desde los servicios básicos hasta
la cosa más inútil que puedas imaginarte, porque alguien seguro que le va a
encontrar utilidad y la necesita, y entre tanto miles, millones de botellas,
bolsas de plásticos, papeles, desperdicios, etc. se amontonan sobre las aceras,
los descampados y las márgenes del río de los ríos, el Nilo, y las viviendas de
un color marrón ocre caca, se elevan hasta el cielo en una, dos o tres plantas,
que una y mil veces rematan con vigas de hormigón del que sobresalen los
encofrados de hierro sin terminar, porque mientras no se remata la obra, no se
pagan impuestos, así pueden durar eternamente sin que jamás se terminen, y de
paso
así está lista cada vez que se
precisa añadirle un piso para un nuevo miembro de la familia que contrae
matrimonio, aunque el efecto resulte estéticamente demoledor, y desolador el
efecto sobre el paisaje, el feísmo impera y el chabolismo galopante por encima
de cualquier otro concepto de habitabilidad o harmónica belleza, de la que
nadie oyó jamás hablar.

La pregunta ociosa nos surge
espontáneamente ante este despropósito; ¿Como un País, que durante cinco siglos
dominó el mundo conocido, y tuvo tanta riqueza y esplendor como para construir
gigantescas pirámides y obras inmensas de ingeniería y matemáticas,
conocimientos de medicina y ciencias naturales, botánica, y un largo etc.
han
podido terminar en tal estado de
miseria, empobrecimiento y suciedad, viviendo prácticamente de limosnas y en la
calle?.
Angel Utrera
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