ABU EL-HOL EL PADRE DEL TERROR (XIV ENTREGA PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES DESDE EL TERCER MUNDO)
Uno de los restos monumentales de
esta cultura imperial de los Faraones, tan extensa, como impresionantemente
rica y variada que sorprende al viajero, y atesoran las arenas del desierto
Egipcio, es sin duda "La Esfinge", o como lo llaman los propios
egipcios: Abu El- Hol (El padre del Terror), la misma que cuando llegaron los
invasores Turcos sembró tal pánico entre sus huestes que hizo imposible que
vencieran el miedo para continuar avanzando sobre el Cairo.
Sea como sea su antigüedad es
superior a los 4.500 años y en lo que
todos los expertos si coinciden es en que su aspecto actual difiere en mucho de
como debió ser en su inicio, tal y como demuestran estudios de erosión, y
pluviosidad antigua del periodo conocido como El Gran Húmedo Holocénico, que
sin duda dibujarían un entorno natural muy diferente del actual desértico.
Buena parte de su color,
policromía y pinturas se han perdido, pero se puede dar por acertado que el
cuerpo de león estaba pintado de rojo y el tocado de la cabeza del faraón era
azul, con rayas horizontales amarillas. Lamentablemente le falta parte de la
nariz, según la historia destrozada por los mamelucos, así como la típica barba
de faraón tan característica de las esculturas en el arte Egipcio.
En
Egipto, la figura del león se asoció a los jefes tribales y más tarde a los
faraones. El rey era el guardián y protector de su pueblo, al que conducía
victorioso al combate contra sus enemigos. Es por ello natural que, en el
pensamiento de aquellos pueblos primitivos, la figura de este animal fuera
asimilada al monarca.
La atracción de las momias, el misterio de la Esfinge, las Pirámides y sus terroríficas maldiciones, entre otros suponían un escenario ideal para la creación literaria del género.
Poe supo trasladar en sus relatos de terror con una indudable ambientación,
y conocimiento de la cultura egipcia, de la mano de la narrativa gótica propia
de la época, toda la parafernalia de los espíritus, maldiciones, seres llegados
del más allá, ultratumbas y momias que tomaban vida tras resultar saqueadas sus
tumbas, y recintos más sagrados, como eran las salas mortuorias ocultas durante
siglos en el interior de sus pirámides, cuyo misterio de construcción en
aquella época resultaba totalmente inexplicable.
La fascinación por esta expresión
casi mística del terror ambientada en el Antiguo Egipcio, alcanza su máximo esplendor
en las maldiciones cumplidas sobre los saqueadores de tumbas y arqueólogos
Napoleónicos que consuman el expolio sacrílego de los que se rodea el emperador
Napoleón en sus conquistas Egipcias.
La esfinge provoca el miedo entre
los vivos, es un aviso, un guardián, y sin duda una amenaza y una advertencia a
los que se acercan llenos de codicia y con total desprecio hacia las doctrinas
y creencias religiosas y el más allá, por lo que se adivina en su profunda
esbeltez y majestuosidad el mensaje y advertencia espiritual ante los
profanadores sacrílegos ávidos de riquezas terrenales. Sin duda ejerce una
labor de vigilancia constante sobre el espíritu codicioso de los vivos, al
tiempo que sugieren a los violadores de tumbas el castigo.
Angel Utrera
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