Y Jehová padre,
Dios de las pequeñas cosas,
eco de los tiempos,
desde la nada,
desde el principio de la noche eterna de los muertos,
les ordenò:
Partid y sembrad la tierra de prodigios.
Cada uno de vosotros,
jinetes del nuevo orden sereis testigos,
juez y reo de los sueños de este pueblo de malditos.
Y Dios,
voz infinita, les soplò desde el abismo de las tempestades,
huracanes de justicia,
a cada uno de los justos,
marcándolos con el estigma de los sonámbulos ciertos,
sobre su frente, el tercer ojo divino del entendimiento.
Y se les diò potestad sobre: La peste, El hambre y El fuego.

Los cinco por un igual,
“Jinetes del Acopalipsis”,
sobre sus caballos de muertes montados
partieron y cabalgaron dia y noche
la tierra maltrecha, esteril y herida en guerras, y odios,
de norte a sur,
de oeste a este,
desde el dia primero y para siempre...
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Unha aperta grande para ti e os teus.