ISLA DE SELKIRK.- A VERDADEIRA HISTORIA DE ROBINSON CRUSOE

del cual descienden algunos pequeños arroyos. En la costa noroeste se destaca
La isla se encuentra a unos 165
km al oeste de las otras dos islas que componen el archipiélago de Juan Fernández; la isla Robinson Crusoey la pequeña isla Santa Clara. Estas dos últimas apenas
están separadas por un estrecho de unos 1,5 km. de ancho, de manera que Selkirk
es por mucho el punto más alejado y aislado del archipiélago. Debido a esta
ubicación recibió su nombre tradicional de Más Afuera (a veces también
registrado como Masafuera), en
contraposición a la antigua Más a Tierra (Robinson Crusoe), mucho más próxima a
la costa continental de Chile.
La isla tiene, a grandes rasgos, la forma de óvalo achatado, cuyos extremos están orientados en sentido Norte-Sur. Esta forma es irregular, interrumpiéndose sobre todo en la costa occidental por la presencia de una punta en la Lobería (Playa) del Buque Varado, al NO. A la altura de esa punta, el ancho máximo de la isla ronda los 7 km (Este-Oeste), pero en promedio es de entre 5 y 6 km. En tanto que el largo de la isla (Norte-Sur) bordea los 10 km (de Cabo Norte a Rodado del Sándalo).
La datación de las rocas de Selkirk se ubica en un periodo comprendido entre los 1 y 2 millones de años, esto es un tiempo geológico reciente, por lo que el surgimiento de la isla es datado por algunos autores en el Cuaternario. Dada tal juventud el terreno está poco erosionado existiendo acantilados de más de 1000 m, aunque este proceso se acelerado desde la introducción de cabras por el hombre, en el siglo XVI. La isla corresponde al flanco de un volcán en escudo, parte de una antigua estructura volcánica mayor. En terreno puede reconocerse una secuencia lávica homoclinal (estratos con grados de inclinación similares). Solo las estrechas playas presentes en la base de algunos acantilados corresponden a un origen distinto: sedimentario y de remoción en masa de la piedra volcánica.Por lo mismo, la mayor parte de la costa está rodeada de acantilados y escarpes, que dejan angosto espacio para dos playas pedregosas principales: la llamada Playa Larga (al SO), en la que se ubica junto a la llamada Lobería Nueva, y a la Playa del Buque Varado (al NO), contigua a la denominada Lobería Vieja. Otras playas pedregosas menores son Playa Ancha (al SE), Tierras Blancas y Rodado del Sándalo (al S) además de la ubicada en la llamada "ensenada Toltén" (al N).
La isla presenta sus máximas
alturas en un cordón montañoso, que la recorre en forma paralela a la costa
occidental. En este cordón destaca el Cerro de los Inocentes (1650 o
1320 msnm, dependiendo de la fuente) que es el punto más alto todo el
archipiélago de Juan Fernández. En comparación, en la Isla Robinson Crusoe el
Cerro El Yunque solo alcanza los 915 msnm.
La cabecera norte del cordón
montañoso es menos abrupta, formando una pequeña altiplanicie alargada, que es
denominada a veces Avenida de las Cabras. A partir del cordón occidental
también se desprenden un serie de profundas quebradas, orientadas
principalmente hacia la costa oriental de la isla. Estos arroyos son (de norte
a sur) Quebrada Larga, Q. Sánchez, Q. Negra, Q. Sandalito, Q. Sándalo, Q.
Pasto, Q. Óvalo, Q. Mono, Q. Las Casas, Q. Chica, Q. Blindado, Q. Cabreros, Q.
Vacas, Q. Inocentes, Q. Angosta y Q. Varadero.
En la costa sur, en las
inmediaciones de Playa Larga, se ubican una serie de delgadas cascadas que caen
desde altos acantilados. Es el caso del Chorro Doña María y Chorro Floripa.
Fondeaderos
No
existe un puerto natural o bahía protegida en la costa de Selkirk, pero la
desembocadura de Quebrada Las Casas es usada como caleta o embarcadero. También
se puede anclar en Quebrada Sánchez, un poco más al norte (el sector es
reconocible por una mancha blanca en los cerros). En Las Casas el fondo es
arenoso, con profundidades de 31,1 m (102 pies) a 50 m (164 pies). En tanto, en
Sánchez el fondeadero recomendado se ubica a 0,3 millas de la quebrada (en
dirección ENE). Allí la profundidad del fondo va de los 40,2 m (132 pies) a
49,4 m (162 pies).5
Historia
Primeros navegantes
Philip
Carteret, a quien se debe uno de los primeros mapas
detallados de la isla.
El descubrimiento de la isla se
le atribuye a marinero español, Juan Fernández, que descubrió el conjunto del
archipiélago en 1574.
Hallazgo debido a la ruta nueva explorada por él entre Perú y Chile, que
-internándose en el océano- evitaba la fuerza contraria de la corriente de Humboldt y reducía el tiempo de viaje hacia el sur.
En marzo de 1616 los
exploradores holandeses Jacob Le
Maire y Willem Schouten fueron los primeros europeos no españoles
en avistar Más Afuera. Pareciéndoles un lugar poco prometedor y una costa poco
abrigada, no desembarcaron y se dirigieron a Más a Tierra, donde encontraron un puerto protegido. Alonso
Ovalle resume
el paso de estos navegantes por Más Afuera en su obra de 1646: "La (isla) menor, que es la occidental, (Más Afuera) les pareció estéril, según la vieron
cubierta de ásperos montes y cerros, aunque que como no saltaron en ella, no
pudieron hacer juicio desde dentro".31
En 1675, el almirante español Antonio de Veas visitó el archipiélago desembarcando mastines en
islas, para que dieran cuenta de las cabras, que eran utilizadas como fuente de
alimento por los corsarios que asolaban las costas americanas. Este pudiera ser
el remoto origen del nombre antiguo "Isla de los Perros" que se dio
alguna vez a Más Afuera. Veas también hizo un reconocimiento hidrográfico del
archipiélago.

El 7 de enero de 1743 los
navegantes españoles Juan Jorge y Antonio
de Ulloa recalaron
en Más Afuera. Habían sido enviados a perseguir a Anson, pero como este ya no
estaba, los ilustrados marinos-científicos, se dedicaron a estudiar el
archipiélago y levantar mapas.
En 1767 el
oficial inglés Philip
Carteret, antiguo teniente de la expedición de John
Byron, llegó al archipiélago capitaneando el HMS Swallow (Golondrina) en misión de circunnavegar el
mundo. Primero se acercó a Más a Tierra, pero al ver que los españoles habían
instalado un fuerte, por lo que puso proa a Más Afuera. A partir de este
momento Más a Tierra dejara de ser un embarcadero seguro para buques ingleses y
de otras banderas, que la habían venido ocupado frecuentemente. En lo sucesivo
Más Afuera ese rol de cala libre. En la isla, Carteret se reaprovisionó de agua
y algunos víveres, aprovechando de realizar reparaciones en su barco. Esta
expedición fue importante además, pues a ella se debieron mapas detallados del
lugar.
La fiebre por los cueros de lobos marinos de Más Afuera]
Amasa
Delano, uno de los capitanes estadounidenses que participó en la etapa más
intensa de la cacería de lobos marinos en Más Afuera. Dejó registro de la
actividad en sus memorias publicadas en 1817.
Entre fines del siglo
XVIII y
principios del [[siglo XIX], la Isla Más Afuera se convirtió en un concurrido
fondeadero de balleneros y buques loberos (sobre todo de EE. UU.). Los
primeros concurrían por la necesidad de reabastecerse de agua dulce o,
simplemente, por el imperativo de recalar, al no poder hacerlo en puertos de
las colonias españolas sudamericanas. En el caso de los loberos, iban a
directamente a cazar, aprovechando las abundantes colonias de lobo fino de Juan Fernández, cuyas
pieles comerciaban en Cantón
(China), con el fin de adquirir mercadería china vendible en puertos
occidentales. Esta actividad de explotación de lobos de Más Afuera tuvo su
momento álgido entre 1793 y 1807.
"Cuando los norteamericanos llegaron a esta isla (Más
Afuera) y empezaron el negocio de matar lobos, no hay duda de que habían 2 o 3
millones de animales en la isla. He hecho el cálculo de que más de tres
millones de cueros han sido embarcadas para Cantón en el espacio de siete años
(1797-1804)".
Amasa Delano, capitán norteamericano, 1817.

Este negocio norteamericano
abrió también el apetito comercial de la elite chilena. En 1802 un
vecino de Santiago, Manuel de Undurraga, solicitaba autorización para iniciar
un negocio a imitación del que explotaban los loberos extranjeros. Esto es,
emprender el "laboreo y acopio de pieles de lobos marinos en la isla de
Más Afuera de Juan Fernández y demás islas y tierra firme de los mares del sur
y su envío a la China".
Claro que esta solicitud chocó con la burocracia colonial y las complejas
normativas españolas.
En medio de esta fiebre, en 1802 la
goleta norteamericana Nancy llegó a secuestrar 12 hombres y 10 mujeres entre
los nativos de Isla de
Pascua, con el fin de obligarlos a trabajar como esclavos en las
faenas que realizarían en Más Afuera. Los hombres prefirieron lanzarse al agua
en alta mar, mientras que el destino último de las mujeres se desconoce.
Toda esta explotación llevó a
la casi total extinción del lobo fino de Juan Fernández. De hecho, entre fines
del XIX y 1965 se le creyó extinto, hasta que una población de 200 fue
redescubierta en Más Afuera.38
Presidio

1909: Experimento de colonia penal agrícola
En 1909, durante el gobierno de Pedro
Montt, se estableció un presidio agrícola en Más Afuera, por decreto
del Ministerio de Justicia N.º 2961 del 23 de
noviembre de 1908, y se estableció el 29 de
abril de 1909, con la llegada de 60 reos comunes a la isla. El
establecimiento alcanzó una población máxima de 190 presos. El presidio era
asistido por lagoleta Alejandro Selkirk, que
transportaba presidiarios y vituallas desde el continente, hasta que ésta
naufragó. A raíz del inconveniente logístico suscitado por el naufragio, de la
dificultad cultivar en la isla y de desórdenes internos, este penal fue
disuelto en 1913.
Finalmente se le concedieron indultos y rebajas de penas a quienes pasaron por
él.
1927: Prisión política en la dictadura de Ibáñez
Elías
Lafferte (en foto de 1938). Este dirigente comunista y futuro
candidato presidencial fue uno de los prisioneros políticos relegados a Selkirk
en 1927.
En 1927, durante la dictadura del coronel Carlos Ibáñez Del Campo nuevamente se rehabilitó la isla como
presidio, ahora compartido por presos políticos y
comunes, custodiados por unos 25 carabineros. Los presos debieron acomodarse en
una casa abandonada que había quedado del experimento de años atrás. También
quedaban tres burros "viejos y célibes", que compartían la isla con
una 15 mil especímenes de cabra de Juan Fernández.

En enero de 1928, cuando el transporte Águila desembarcaba prisioneros en el
sector de Toltén, al norte de la isla, la marejada dio vuelta un bote,
ocasionando la muerte de dos marineros y cinco carabineros, que cargados de
armas y correajes no pudieron salvarse, como sí lo hicieron cuatro presos
comunes y un carabinero. Los cuerpos fueron rescatados con la ayuda de los
relegados. En ese mismo viaje del Águila quedó un bote averiado en la isla, que
el dirigente sindical comunista Castor Vilarín, junto otros seis prisioneros
anarquistas, comenzaron a probar dedicándose a la pesca. Vilarín con sus
compañeros intentaron fugarse en esta frágil embarcación de la isla, con la
ayuda de una improvisada vela y algunos víveres que habían acumulado en Alto de
la Vaca. Nunca más se supo de ellos, por lo que se estima que murieron en el
intento.
En 1927 el penal contaba con
una población de 100 presos políticos y algunos comunes. En 1929, de los presos 10 eran políticos y 164 comunes. La experiencia
vivida en este lugar fue la inspiró a Eugenio González Rojas, futuro ministro de Educación
y senador, la escritura de su novela "Más Afuera", publicada originalmente en 1930 (reeditada
en 1997), la que, junto con otros relatos de los ex prisioneros y la caída de
Ibáñez, provocaron el cierre definitivo del penal. El poeta y periodistaRoberto Meza Fuentes,
también preso político en la isla, escribió un relato periodístico sobre su
cautiverio, publicado originalmente en el diario Las Últimas Noticias (1931),
recientemente reeditadas como libro: Los
trágicos días de Más Afuera(2006).

Tras el cierre de la colonia
penal, los pescadores de Más a Tierra comenzaron a usar las instalaciones
penitenciaras abandonadas durante largas temporadas de captura de la langosta,
como hacen hasta hoy. Ese es el origen del pequeño poblado que existe en
Quebrada Las Casas.
La isla de Selkirk
|
Souhami, Diana
HISTORIA (NF). Biografías,
autobiografías y memorias
Febrero 2002 Tiempo de Memoria TM 18 ISBN: 978-84-8310-788-1 248 pág. 15,38 € (IVA no incluido) |
Si nos preguntaran quién es Alejandro Selkirk, pocos podríamos responder. En cambio, casi todos sabemos quién es Robinson Crusoe, el náufrago de ficción creado por el escritor británico Daniel Defoe hace tres siglos, inspirándose precisamente en la azarosa vida del marino escocés que terminó por dar su nombre a la pequeña isla del Pacífico, donde fue abandonado en 1704 por sus compañeros corsarios tras un amago de motín, y donde se vio forzado a sobrevivir durante cuatro años.
Diana Souhami, en esta biografía que acaba de ganar el Premio Whitbread 2002, traslada al lector a las islas de Alejandro Selkirk y Robinson Crusoe, que forman el archipiélago Juan Fernández, en el océano Pacífico oriental, a 34º de latitud sur y a unos setecientos kilómetros de la costa de Chile. La vida de Selkirk, hombre de familia humilde, que fue a parar a un Londres portuario, repleto de bucaneros, sinvergüenzas y empresarios sin escrúpulos, permite a Souhami emprender este magnífico relato de las expediciones piratas que cruzaban todos los mares a finales del siglo xvii en medio de guerras, rivalidades y escaramuzas de toda suerte. El contraste de ese ambiente canallesco con el paraíso natural de la isla de Selkirk es el trasfondo en el que se inscribe este aspecto poco conocido de la historia. Selkirk fue rescatado por un barco pirata y, de regreso a Londres, escribió el libro que permitió a Defoe conocer de primera mano al protagonista real de la historia de su genial Robinson Crusoe de ficción.
NOTAS BIOGRÁFICAS
Diana Souhami trabajaba en una editorial hasta que se dio a conocer en Inglaterra, su país de origen, gracias a sus obras de teatro para televisión y radio, algunas de las cuales también han sido representadas en teatros de Londres, Edimburgo y Bristol. Ha publicado cuentos y críticas literarias y teatrales en revistas como New Statesman. En 1988 sacó a la luz Gluck: her Biography mientras reunía el material para Gertrude y Alice (Andanzas 199), documentadísima y espléndida biografía de la relación entre la escritora norteamericana Gertrude Stein y su célebre amiga íntima, Alice B. Toklas.
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