viernes, 25 de septiembre de 2015

ANA PETERS ( FEMINISMO Y MUJERES CON CORAZON II).

 Ana Peters (1932 Bremen – 2012 Denia), se formó en el campo de las Bellas Artes en Valencia y Madrid durante los años de la posguerra española en un ambiente artístico cuyo primer objetivo era la crítica antifranquista y la lucha por la transformación social. Fue una de las pocas mujeres fundadoras de 

Estampa Popular, junto a Jacinta Gil en Valencia, María Dapena en el País Vasco y Maria Girona y Esther Boix en Cataluña. En los años sesenta su pintura se impregna del estilo e iconografía pop procedente de los mass media. Este es el periodo de su carrera que se toma aquí como caso de estudio, con la intención de profundizar en la crítica feminista que se dio en los años sesenta en una España dominada todavía por una estricta moral conservadora, y cuya estela alcanzó a un buen número de mujeres artistas posteriores.
Vivió en un momento en el que se empezaron a incorporar a la escena de la plástica española los primeros intentos de renovación en el campo de la abstracción: el grupo El Paso con su lenguaje gestual, reclamo de libertad y de protesta individual; así como el Equipo 57 y el Grupo Parpalló, cuyo arte normativo buscó a toda costa la función social del arte y la trasformación de la realidad cotidiana.
Pero como es habitual, toda acción tuvo una reacción en sentido inverso. La popularidad del realismo ascendió rápidamente entre los jóvenes artistas, creándose los distintos grupos de Estampa Popular a lo largo y ancho de la geografía española que, anclados en el carácter conservador de la figuración y en técnicas artesanales de origen medieval, como la xilografía y el linóleo, realizaron una crítica radical del régimen franquista.
Ana Peters se encontró entre éstos últimos y fue junto María Dapena en el País Vasco, Elvira Martínez en Galicia y Maria Girona y Esther Boix en Cataluña una de las pocas mujeres que participaron activamente en dicho movimiento.
En el otoño de 1964, Ana Peters expuso junto a Gorris, Marí, Martí, Solbes, Toledo y Valdés en las primeras muestras de Estampa Popular en Valencia, un grupo que extendería su actividad hasta 1968 y que avanzó desde principios expresionistas tajantes hasta la superposición descriptiva de imágenes procedentes de los mass media, siempre con la intención de poner énfasis en una temática recogida de la cotidianidad valenciana y en la lucha por la mejora y transformación de las condiciones en las que vivía el pueblo durante la última década del franquismo. Peters contribuyó en la obra colectiva de Estampa Popular de Valencia, en los Calendarios de 1966 y 1968 o en el diseño de carteles de sus exposiciones como el de la celebrada en Centre Cullerenc de Cultura en 1964, en el que se reprodujo un texto de Tomás Llorens, ideólogo del grupo con el que Ana Peters terminaría compartiendo su vida.
Precisamente referente a uno de esos calendarios, concretamente el de 1966, la muestra exhibe una carpeta de tres serigrafías impresas en el taller de Abel Martín junto a dos textos y cuatro dibujos preparatorios. Para su diseño, Peters tomó como base unos retratos fotográficos de huertanos encontrados en un antiguo molino y les añadió expresiones latinas procedentes de la liturgia católica. La introducción de estos elementos extraños en la escena invitaba al espectador a indagar sobre su significado.
Paralelamente, Peters realizó incursiones en el arte pop, tendencia que definió en una de sus entrevistas como aquella que expresaba “el estado de cultura de una de las sociedades contemporáneas, utilizando como lenguaje los mismos elementos visuales que la sociedad misma producía”.   Además, Peters insistió en que el deber del artista consistía en definirse y posicionarse sociopolíticamente, en tomar partido por lo que era justo. A tal efecto, se integró en la tendencia Crónica de la Realidad y desarrolló la serie de los Siete pecados capitales (1965) donde haciendo uso de alegorías morales hizo referencia a situaciones políticas concretas.
Asimismo, fue una luchadora incansable en pro de los derechos femeninos, denunciando, a través de la ironía, la imagen de la mujer construida por la sociedad de consumo y los medios de comunicación de masas, en una exposición que presentó en 1966 en la galería Edurne de Madrid. Aquí la apropiación, la reiteración, la fragmentación, entre otros muchos recursos, definieron y caracterizaron las escenas que la artista presentaba ante el público, un público al que pretendía interpelar y del que esperaba su reflexión y su reacción. La muestra d su obra que ahora se inaugura, en el Instituo Valencian de Arte Moderno, se centra, por tanto, en la etapa inicial de la artista de origen alemán. En ella se exhiben cerca de una treintena de obras de Peters, la mayoría de ellas pertenecientes al depósito que sus herederos han acordado recientemente con el IVAM. Para su contextualización, se ha seleccionado alrededor de 40 documentos, desde publicaciones feministas de la época, hasta revistas que ilustran la imagen estereotipada de la mujer en la sociedad de consumo, o la película de Cecilia Bartolomé Margarita y el lobo (1969), censurada por el franquismo, y que presentaba una nueva mujer segura de sí misma y combativa.



Antes de entregarse al universo introspectivo e intimista de la abstracción pictórica, Ana Peters (1932, Bremen-2012, Denia) fue una artista combativa. Su compromiso político antifranquista y sus ideas feministas encontraron acomodo en los preceptos estéticos del arte figurativo de crítica social que comenzaba a formarse en España a principios de los años sesenta. 
Su itinerario expositivo es bastante discontinuo, sobre todo porque vive en Inglaterra desde 1973 a 1985, aunque se inmiscuyese otra vez en el mundo de las galerías a partir de 1993. Su pintura, que se inicia en el realismo social a partir de elementos de los mass-media, en la línea de los pop y del Equipo Crónica, evoluciona hacia una abstracción despojada y lírica que lo mismo la sitúa en la órbita de Paul Klee o Twombly que en la de los expresionistas de la action painting, si bien en el caso de Peters matizando el gestualismo con una interpretación más poética de los arcanos de la memoria. Las formas, las texturas y los cromatismos son los tres elementos básicos de la expresividad de Peters, que insinúa un mundo de evocadoras sugerencias que, sin renunciar a la representación de la realidad, aspira a concatenar el mensaje plástico y la reflexión teórica en un discurso afianzado en la coherencia. 





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