Continuo con el repaso de las revistas poetico literarias de los años cincuenta, sesenta del siglo pasado en nuestro Pais, hoy ACENTO CULTURAL,revista tambien desaparecida y que no solo contaba entre sus actividades con la publicacion sobre literatura y poesia, seino tambien cine, y cultura en general.....
.........Pero antes, quiero rectificar la
cronología que me atribuye con relación a la revista Acento
Culturaldel SEU, el primer trabajo que tuve al llegar a Madrid, y
donde empecé a ser un crítico -relativamente- conocido. Llegué a Madrid a
finales de octubre de 1958 recién licenciado en Derecho en Pamplona, donde fui
jefe provincial del SEU, y con la "mili" hecha, con una beca para el
Colegio Mayor Francisco Franco, trabé amistad allí con Carlos Vélez e Isaac
Montero, director y redactor-jefe de la revista Acento
Cultural, que luego
entrarían en una primera crisis tras la salida del segundo de la misma en el
otoño siguiente, entrando después, tras casarse con la inolvidable traductora
Esther (Tereto)Benítez, ya
fallecida, a trabajar en el diario Pueblo de Emilio Romero, a las órdenes
directas de Jesús de la Serna. En el otoño de 1959, entré a trabajar en la
citada revista como "secretario de redacción", donde cobraba un
sueldo de 1.250 pesetas al mes, lo que con la beca "sindical" de la
que gozaba subvenía ampliamente mis necesidades. Y esto fue todo a secas, antes
de mi breve carrera sindical, que Jordi Gracia describe bastante mal.
Yo no era nada en el SEU entonces, aunque lo
fui después, ya que en el otoño de 1960 Jesús-Aparicio Bernal Sánchez me nombró
jefe de su secretaria personal, en sustitución de mi buen amigo José Antonio
Sexmilo, trágicamente fallecido, donde compaginaba mi trabajo con el de Acento, y fue mucho después cuando me
nombraría inspector nacional del SEU, cargo en el que duraría unos tres meses,
antes de que Jesús-Aparicio Bernal fuera sustituido por Rodolfo Martín Villa ya
no recuerdo cuando, tras la desaparición de Acento. Quien me envió de jefe de estudios al
colegio mayor Santa María de Europa, donde encontraría trabajo como crítico en
la revista Aulas, también de la delegación del
Movimiento, en la que llegué a la subdirección. Pero esto ya no entra en el
libro de Jordi Gracia, aunque debiera hacerlo. Bueno,
el libro trata de la evolución de la resistencia antifranquista
durante el franquismo mismo, desde 1940 hasta 1962, donde la historia de Acento (1958-1962) es el capítulo casi final,
con un apéndice dedicado a Cuadernos de Arte y Pensamiento, editado durante unos pocos meses por
el SEU en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, con quien compartimos
colaboradores como Valeriano Bozal o César Santos Fontenla, e hizo sus primeros
pinitos Fernando Sánchez Dragó y que sólo duró cuatro números. Pero empieza
mucho antes, con las revistas Índice (con altibajos), Ínsula (siempre), Papeles
de Son Armadans de
Cela (que tendió la mano a los exiliados), la católica El
Ciervo, Primer Acto, Layeen Barcelona
(también del Movimiento), y como Destino (a veces) yRevista (inspirada
por Ridruejo), las también del SEU La Hora y Alcalá,que recogieron las
primeras firmas de Sánchez Ferlosio, o en la Revista Española de Rodríguez Moñino, las de Juan
Benet, Juan Marsé, Jaime Gil de Biedma, o pintores como Tàpies y Guinovart. Ésa
es más o menos nuestra juventud, de la que a trozos algunos podemos sentirnos
satisfechos de haber podido salir indemnes, aunque nos dejásemos muchos pelos
en la gatera. Sólo queda el episodio del encuentro de Jordi Gracia, con el
verdadero protagonista de esta historia, Dionisio Ridruejo, el precursor de
todos como falangista, poeta, y rebelde contra el franquismo, lo que le valió
más persecuciones que a nadie, político democrático y modelo hasta el final,
pues falleció pocos meses antes de que desapareciera el propio dictador.
Dionisio Ridruejo articulo de critica
literaria sobre el libro de
Otra muestra de
la militancia literaria y su repercusion politica nos la facilita en su
excelente trabajo sobre Machado, publicado en "ARCE, (Asociacion de
revistas culturales e españa).... Cuando de aquello también hacía
veinte años, por Araceli Iravedra
............Distinto y más audaz es el talante de Acento
cultural , que
dedica a Machado su entrega de marzo de 1959. Y ello pese a que también esta
revista vinculada al S.E.U. —aunque presidida por un extraordinario espíritu de
independencia— hubo de padecer las coerciones de la censura. Con todo, tanto en
el texto inicial que precede a las colaboraciones como en la «Antología de
urgencia» que cierra el volumen se adivina una clara voluntad de mostrar el
rostro «nefando» del poeta.
Desde luego no podemos suponer inocente que el
editorial se abra evocando los emblemáticos versos finales de «El mañana
efímero», poco menos que convertidos en lema de la poesía de la resistencia; y
el lamento que sigue por la intacta vigencia del mensaje machadiano
—«tan
realmente válido como a su muerte»— no ofrece lugar a dudas. Las colaboraciones
acogidas por la revista se reparten entre la prosa y el verso. Y si entre las
primeras se cuentan ensayos que sientan algunos presupuestos del realismo
social (en las firmas de Garciasol o Moreno Galván), Acento no logra evitar la injerencia
de «una palabra católica, una palabra cristiana, una palabra española, rabiosa
y auténticamente española», a cargo de Adolfo Muñoz Alonso. De las
colaboraciones en verso, varias son las voces que cultivan por entonces la
poesía social —Figuera, De Luis, Caballero Bonald, Goytisolo, López Pacheco— y
que proponen la imagen y el discurso de Machado consabidos: el poeta que muere por
su pueblo y cuya palabra ejemplar alberga una virtualidad salvífica.
No
obstante, si nos atenemos al testimonio de Celaya (1979: 123), faltan algunas
composiciones que no lograron burlar la censura (entre otras, las de Otero y el
mismo Celaya): el Director General de Prensa prohíbe toda alusión a los
homenajes de Colliure y Segovia y ordena la inclusión de los poemas leídos en
el homenaje oficial de Soria (y, en efecto, se publican los de López Anglada,
Salvador Jiménez o Manuel Alcántara). Con estos datos, resulta sin embargo
sorprendente que en la antología machadiana que incorpora la revista sea Campos
de Castilla el
libro de poesía mejor representado —con predominio de los versos civiles y

combativos—, y la selección dé entrada asimismo a las provocaciones de Mairena,
en textos a veces tan inequívocamente acusatorios como éste: «La patria [...]
es, en España, un sentimiento sencillamente popular, del cual suelen jactarse
los señoritos. En los trances más duros, los señoritos la invaden y la venden,
el pueblo la compra con su sangre y no la mienta siquiera». Arbitrariedades
censoras aparte, queda claro que se ha resquebrajado la compacta imagen de
Machado como poeta ensimismado, soñador, incansable sondeador del misterio,
para colarse ya sin remedio por esa fisura el icono progresista que deposita la
esperanza colectiva en el martilleo coral de los yunques.
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