martes, 9 de febrero de 2016

REVISTA LITORAL.( SESENTA AÑOS DE ARTE Y LITERATURA).

Traigo hoy  la historia, para mi entrañable, de una de las revistas literarias mas importantes del pasado siglo XX, por dos razones, porque fue mi padre quien me la diò a conocer y me regalò los cuadernos que él conservaba  y Yo atesoro como algo irreemplazable y porque me abriò los ojos enun momento de mi adolescencia, en la que todo estaba prohibido, era pecado y peligroso. ...
Esta es la historia de la REVISTA LITORAL.....












En 1926 un grupo de artistas deciden crear en el Sur de España una revista de Poesía. Eran los años del charleston, nacía Marilyn Monroe y moría Rodolfo Valentino.
La revista fue fundada en Málaga con el nombre de LITORAL por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, con la ayuda de un grupo no muy extenso de colaboradores entre los que se encontraban prosistas, poetas, dibujantes y tipógrafos: LITORAL ¡Qué bellísimo nombre para una revista —decía Rafael Alberti—. Debo recordar que yo he tenido algo que ver con él. En mi viejo soneto A un capitán de navío… por ti los litorales de frentes serpentinas… y en muchos otros poemas de Marinero en tierra y libros posteriores, empleé esta palabra con tanto éxito, que cuando en aquellos años iniciales de mi generación lanzaron la revista, la palabra que ya ondeaba desde hacía tiempo repetida en el aire, fue elegida y estampada por ellos, en lo alto de su cubierta, en bellos caracteres negros sobre un profundo azul Mediterráneo

El proyecto de editar en aquellos años una revista literaria de vanguardia era difícil, pero se cristalizó con el entusiasmo de estos dos jóvenes poetas que tuvieron la fortuna de contar con los más valiosos creadores de la que iba a ser la nueva Cultura española.
El primer número de LITORAL aparece en otoño de aquel año con esa cubierta de color azul Mediterráneo, que acentuaba la vocación marina del grupo.
En efecto existe una carta fundacional de Prados al pintor Manuel Á
ngeles Ortiz en la que incidía en el propósito de hacer una revista que evocara al mar y con esas directrices le solicitaba un dibujo para la portada.
El resultado fue un pez saliendo del agua, símbolo que ha permanecido inalterable hasta nuestros días. Ciertamente el mar estaba muy cerca de la pequeña Imprenta Sur donde se componían esas primeras páginas de la revista, una calle cercana al puerto de Málaga: Nuestra imprenta tenía forma de barco —recuerda Altolaguirre—, con sus barandas, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas marinas, cajas de galletas y vino para los naufragios. Era una imprenta llena de aprendices, uno manco, aprendices como grumetes, que llenaban de alegría el pequeño taller, que tenía flores, cuadros de Picasso, música de Manuel de Falla y libros de Juan Ramón Jiménez en los estantes…

En ese taller, que entre otras cosas conservaba en un rincón una escafandra de buzo y en el que se oían las sirenas de los barcos, los dos jóvenes poetas, con elementos tipográficos importados de Alemania, Francia e Inglaterra, componían pacientemente a mano y letra a letra los primeros poemas de esa futura generación de artistas. En el sumario de aquel primer número en el que se encuentran Federico García Lorca, José Bergamín, Jorge Guillén, Gerardo Diego, entre otros, se empieza a configurar lo que hoy se conoce como laGeneración del 27, el grupo poético más importante de este siglo dentro de la literatura española.
LITORAL era más que una revista, era un grupo de artistas que manifestaban sus comunes ideales estéticos en una ciudad hasta entonces sin una tradición poética y artística de repercusión.
En aquel grupo de LITORAL siempre se estuvo atento a las corrientes más innovadoras que iban sucediéndose en una época de grandes convulsiones, tanto sociales y políticas como culturales. Aquel año moría el arquitecto Gaudí y se inauguraba en la ciudad alemana de Dessau la nueva escuela de arquitectura de la Bauhaus. En España se creaba la Escuela de Arte de Vallecas en la que figuraban el escultor Alberto Sánchez y Benjamín Palencia y se formaba la Alianza Republicana con Antonio Machado, Blasco Ibáñez, Marañón, etc.

Paralelamente a la revista van apareciendo sus Suplementos. El primero es Tiempo de Prados, al que le siguen Canciones de García Lorca, La amante, de Rafael Alberti,Caracteres de Bergamín, y Perfil del Aire, de Luis Cernuda. El tercer número de la revista aparece en marzo de 1927 e incluye a Dámaso Alonso y a Vicente Aleixandre y tiene la peculiaridad de que la portada es uno de los primeros dibujos publicados de García Lorca, un marinero con una rosa en el corazón y la palabra «amor» escrita en la gorra.
Pero es en octubre de 1927, al aparecer el número 5, 6 y 7, cuando todos aquellos intelectuales que habían empezado su labor en torno a los años veinte se unen en una publicación periódica; es el testimonio conjunto más importante de ese momento cumbre en la evolución generacional: un número homenaje deLITORAL reivindicando la figura de Luis de Góngora.
En este ejemplar además de toda aquella generación de jóvenes poetas colaboran Manuel de Falla, que entrega la versión musical del soneto Córdoba de Góngora, que se publica con carácter autógrafo, también el pintor Juan Gris con un maravilloso y perfecto bodegón cubista para la portada, que realiza poco antes de morir, y Pablo Picasso con una reproducción a color, y Salvador Dalí, Benjamín Palencia, Bores, Joaquín Peinado, Gregorio Prieto, Cossio, etc. Por muy importante que sea poéticamente este extraordinario número, no se podrá decir que lo es menos pictóricamente, no tan sólo por la reconocida valía de los artistas plásticos que plasmaron su arte, sino además por la significación histórica de muchas de esas colaboraciones. Con este volumen acabaría la primera etapa de LITORAL: Siete números en cinco entregas desde noviembre de 1926 a 1927.
La revista dejaría de publicarse durante todo 1928 y parte de 1929; hasta que, bajo la iniciativa del poeta José María Hinojosa, que se incorpora a la dirección junto a sus creadores, vuelve a ver la luz. En esta, su segunda etapa, la revista tomará un rumbo marcadamente surrealista.
 Pero el silencio de LITORAL no supuso el paro de la imprenta. Por el contrario, siguieron editándose los Suplementos de la revista. En 1928 se imprime el primer libro de uno de los grandes poetas de aquella generación: Ámbito de Vicente Aleixandre, al que le siguen La Toriada de Fernando Villalón y Jacinta la pelirroja de José Moreno Villa.
Esta segunda y breve etapa se termina en 1929. El proyecto de editar una nueva revista, enteramente surrealista, acaba con LITORAL. Proyecto que nunca llega a realizarse, aunque se tiene constancia de que se manejaron nombres tan elocuentes como “Poesía y destrucción” o “El agua en la boca” y que se contaba con la participación de Cernuda, Aleixandre y el apoyo de Dalí. Se pierde así la ocasión histórica que habría dado una dimensión colectiva al surrealismo en la península.
Iniciados los años treinta el grupo va desperdigándose. Las circunstancias sociales y personales llevarán a cada uno de sus componentes por caminos diversos. En 1931 se proclama la II República en España y los surrealistas se adhieren a la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios: Prados, buceador de sus propias minas secretas o el cazador de nubes como lo llamaba Lorca, se radicaliza hacia posiciones de izquierda y Altolaguirre retoma en París sus actividades editoriales publicando Cuadernos de Poesía.

Tercera  época.
México, 1944
En 1936, José María Hinojosa es fusilado por un pelotón de ajusticiamiento de milicianos republicanos y tres años más tarde Emilio Prados sale con destino a México con un grueso de exiliados. Son años difíciles para la cultura.
En 1944, Prados, junto a Altolaguirre, que había llegado de Cuba un año antes, y otros tres poetas españoles, José Moreno Villa, Juan Rejano y Francisco Giner de los Ríos, deciden resucitar LITORAL para recuperar su propia conciencia intelectual tras ver sus ideales truncados por la guerra civil. No hay en esas páginas un atisbo de rencor y sí una melancólica tristeza.
Tan sólo aparecerían tres números en esa tercera etapa, y uno de ellos en homenaje al prestigioso crítico Enrique Díez Canedo. En este LITORAL nos encontramos con todas las voces del destierro, entre las que se encontraban las de Juan Ramón Jiménez, Max Aub y León Felipe.
LITORAL será en el futuro algo más que una revista de aquellas décadas.LITORAL será ya un símbolo de aquella generación rota brutalmente por la guerra civil. En México mueren Emilio Prados, Luis Cernuda, León Felipe, Juan Rejano y Pedro Garfias.

En mayo de 1968, en pleno mayo francés y aún vigente la funesta sombra de la dictadura, vuelve a aparecerLITORAL, en su cuarta etapa y en la Málaga que la vio nacer. Esta vez de la mano de José María Amado, quien se encarga de resucitarla con el mismo espíritu liberal que la caracterizó en sus inicios. Ya no estaban ni Prados ni Altolaguirre, éste último había muerto en 1959 en un accidente de automóvil, pero estaban sus amigos, entre ellos el editor Ángel Caffarena, el mecenas de artistas Jesús Ussía y los miembros supervivientes de aquella generación, Alberti, Bergamín, Aleixandre, Guillén, Giner de los Ríos… Y estaba la pequeña imprenta cercana al puerto, todavía con algunos de aquellos jovencísimos operarios que vieron sus primeros azules en 1926, la máquina Monopole de imprimir, que es hoy una pieza de museo, y los mismos elementos tipográficos que empleaba Altolaguirre: tipos Ibarra, Elzeviriano, Baskerville y Bodoni, que daban una sensación de gravedad y de liviandad a los versos.
Entre los grandes retos de este renacido LITORAL estaba el de mantener el mismo nivel de calidad editorial que sus predecesoras. Se eligió un papel verjurado crema de similares características al empleado entonces y se cuidó al máximo la tipografía con bellas capitulares. A diferencia de los anteriores se escogió un color rojo para la portada y se subtituló como Revista de la poesía y el pensamiento.


Uno de los propósitos, y así se señala en el número 1 de esta cuarta etapa, era rendir un culto a la verdad, no a la verdad que la historia había silenciado durante treinta años, sino a la verdad de la Poesía. El secuestro de ejemplares fue alguno de los obstáculos que José María Amado tuvo que sortear para sacar adelante este LITORAL. Francisco Giner de los Ríos, último superviviente en la dirección de la revista en el exilio, escribía al cumplir esta última etapa 20 años: “Es admirable el tesón casi heroico con que la libertad intelectual se defendió y se mantuvo en la revista frente a toda clase de persecuciones policíacas de la censura”.
En esos primeros años literarios se hicieron homenajes a Alberti, Lorca, Alberto, Picasso, Prados, Altolaguirre y Machado. Desde Madrid mandaba de puño y letra su colaboración Bergamín y Aleixandre y volvía a dibujar Manuel Ángeles Ortiz, cuarenta años después de haber realizado la primera portada de la revista: Este nuevo LITORAL de Málaga —escribía Alberti—, vieja morada de mi ayer juvenil, hoy revivido albergue y azotea en donde la segura, batalladora mano de José María Amado y otros buenos amigos le abren la alegría y reposo, frente al aire y el mar, vivificadores perennes de su vuelo. Pero además de difundir la obra de los artistas del 27, la revista se abrió a las nuevas generaciones, tanto de dibujantes como de poetas.
Se publicaron aportaciones a la poesía del cincuenta y el setenta, donde figuraban jovencísimos escritores entonces, hoy ya consagrados, como Antonio Gala, Félix Azúa, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, Félix Grande, Fernando Quiñónes, Carlos Sahagún, José Ángel Valente, Vicente Molina Foix, Juan Cruz, Ana María Moix, Fernando G. Delgado, etc. Una puerta se abría en la poesía española de postguerra. Eran antologías con carácter urgente que empujaban con aires renovadores. La revista tenia una deuda con el pasado pero no debía olvidar nunca su fiel compromiso con los movimientos de vanguardia, tanto artísticos como literarios. A partir de los años cincuenta, se fue manifestando en los jóvenes artistas españoles una clara voluntad de superar los rígidos esquemas expresivos que habían dominado la poesía y el arte de la postguerra. Se empezaron a romper las mallas disciplinarias. Además de esa predominante tendencia ética a lo social donde brillaban con luz propia poetas como Gabriel Celaya y Blas de Otero, empezaban a surgir aventuras expresivas novedosas. Claudio Rodríguez, Ángel González y Jaime Gil de Biedma, fueron los precursores de esa nueva generación de poetas. A Gil de Biedma la revista le dedica en vida su último homenaje, se llamó El juego de hacer versos.
En la pintura también se rompían formas y se iniciaba una inusitada etapa aperturista para la vida artística española. Una vanguardia activa que creaba nuevos cauces de participación.

En 1969 LITORAL recibe la primera de una serie de cuatro dedicatorias de Pablo Picasso, quizá el mejor estímulo que podría recibir una publicación en el mundo. La revista le dedicaría, dos años más tarde, un espléndido homenaje al cumplir sus noventa años. Poetas y pintores de todas las generaciones se unen para felicitarle, textos que se reproducen de manera autógrafa. Picasso recibía periódicamente LITORAL y la comentaba cuando le visitaba Alberti en el sur de Francia.
Ejemplares dedicados a la música en un homenaje a Manuel de Falla (1973) y al arte de los toros, completan la temática de aquellos primeros años. Bergamín, gran taurino, publicaría años más tarde en la revista su librolustración y defensa del toreo (1974).
José Bergamín, al igual que Rafael Alberti, tiene una importancia decisiva en esta última etapa de la revista. Casado con Rosario Arniches, hija de Carlos Arniches, se emparentaba con José María Amado, a su vez, sobrino nieto del gran sainetero español. La relación con Bergamín era familiar y la revista contó siempre con su colaboración. Se publicaron La claridad desierta (1973) uno de sus últimos libros de poesía; también un excelente epistolario en verso con Alberti titulado De x a x (1982) y la antología poética Por debajo del sueño, tras ser elegido en 1978 la personalidad literaria más completa por laamplitud de su expresión y con mayor proyección sobre nuestra cultura de los miembros aún vivos de la Generación del 27. En 1984, un año después de la muerte de este gran francotirador del pensamiento español, la revista publicaría en tres tomos una Antología Periodística con gran parte de su obra publicada en prensa y revistas.

Un camino nuevo
A principios de los años setenta, la revista se dedica a difundir la obra de sus creadores publicando con carácter facsímil los números de sus primeras etapas. LITORAL buscaba un camino nuevo, al tiempo que encontraba sus raíces en lo que era la Historia. El propósito fundamental de reproducir aquellos números iniciales era mostrar una manera de imprimir que marcó una época en el arte de la tipografía. Fueron los grandes maestros del diseño en unos años en que esta palabra conllevaba la paciente nobleza de la artesanía más pura. Cada letra se tenía que coger con una pinza en un proceso lento y meticuloso. Las erratas, por supuesto, eran numerosas pero siempre se suplían con bellísimas “fe de erratas”. Con el tiempo el modo de imprimir fue variando. De aquella artesanía editorial con “tipos de caja” de la Imprenta Sur, luego llamada Dardo, se pasó a las linotipias de imprentas mayores que podían confeccionar la revista de una manera más rápida. La idea del “facsímil” se amplió más tarde al publicar gran parte de sus primeros “Suplementos”.
En 1973, huyendo del golpe militar en Chile, llega a Málaga otro miembro surrealista de aquel grupo Litoral de los años veinte: Darío Carmona. Escritor, dibujante, comentarista de televisión y secretario durante un tiempo de Pablo Neruda. Con la colaboración de Darío Carmona, LITORAL denuncia la muerte del gran poeta chileno. Eran años de compromiso, donde se luchaba por la libertad de la palabra. LITORAL pedía la Amnistía al Rey y se hacían recopilaciones temáticas sobre los poetas que habían sufrido a lo largo de la historia la cárcel y el exilio.
En 1975 se incorpora a la dirección junto a José María Amado, el poeta y pintor Lorenzo Saval, sobrino nieto de Emilio Prados.
En aquellos años se hicieron números dedicados a La vanguardia española (1975), Dionisio Ridruejo (1975), León Felipe (1977), Miguel Hernández (1978), César Vallejo (1978), Luis Cernuda (1978), Rafael Guillén (1979), Juan Rejano (1980), Emilio Prados (1981), Vicente Aleixandre (1981), Pedro Garfias (1982), María Zambrano (1983), Francisco Giner de los Ríos (1987), y otras entregas extraordinarias como la publicación por primera vez en España de Roma peligro para caminantes (1974) de Rafael Alberti. En estas monografías, además de la obra, se incluían generalmente textos inéditos y se reproducían facsímiles, manuscritos, cartas y fotos. Eran verdaderos órganos de documentación y estudio.
Artistas de todas las épocas dibujaban para la revista. Desde pintores que vivieron el surrealismo en sus inicios, como Maruja Mallo, Eugenio Granell o José Caballero, hasta esa nueva generación de artistas que iban surgiendo: Enrique Brinkmann, Stefan, Díaz Oliva, Barbadillo, Antono Jiménez, Juan Béjar, Eugenio Chicano, Francisco Peinado, Miguel Rodríguez Acosta, y poetas pintores como Rafael Pérez Estrada o Joaquín Lobato. Más tarde colaboraría una nueva generación de artistas más jóvenes, entre los que se encuentran Diego Santos, José Ignacio Díaz Pardo, José María Prieto, Diazdel, Paco Aguilar o María José Vargas Machuca.

Litoral fue y es una revista de creación literaria fundada en la ciudad española de Málaga en 1926 por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, de la que José María Hinojosa fue coodirector en 1929 .
Su publicación y difusión fue decisiva para la configuración de lo que hoy se conoce como la Generación del 27, uno de los grupos poéticos más influyentes en la literatura en español del siglo XX.
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