LA PUERTA DEL TIEMPO....
verano, la bamba
de chocolate y crema de merienda, mis libros de aventuras de Julio Verne manoseados y pringosos, mis tebeos cambiados en aquel
puesto en un rincón del mercado y dos reales, la bicicleta prestada del vecino,
sin frenos y medio oxidada, el pecho desnudo de aquel amor primero, en el
pasado.
Quise cerrar la puerta, aquella tras la que quedaban las fotos en blanco y
negro de un niño con cara de asustado pantalones cortos y jersey a rayas
heredado, pero no pude, porque aquella puerta es tan solo un agujero negro, sin
bisagras, ni goznes, sin cerraduras ni manilla, sin apertura, sin salida y sin
entrada.
Una puerta inexistente, un agujero negro, un hueco en mi historia y en la
que me acompañaron, un libro escrito del que tan solo recuerdo el principio
pero del que he olvidado la mayor parte de sus capítulos, algunos tal vez
soñados.
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