TODO A UN EURO. (V ENTREGA. REFLEXIONES DESDE EL TERCER MUNDO)
No amigo, tres no. Dos por un
Eurio, no puede más. Toca, toca, es
bueno . Lleva tu, mejor barato todo no hay.
Coge.
Amigo no, no puedo ser, no dar
por menos de un Eurio. Mira tú llevar dos que valer más, mucho bonito, y barato
y yo doy por un Eurio.
Mira, toca, coge, toma ...amigo
no marchar. Todo por un Eurio solo.
Tan pronto bajas del autobús y
pones los pies en las calles, una legión de vendedores de baratijas te asalta
ofreciendo, metiéndote por los ojos sus mercancías, aunque también es verdad
que sin la agresividad que hemos podido comprobar en otros países orientales,
si con la misma insistencia y sin desanimo, nunca se rinden ante un no.
Insisten, e inciten y en ocasiones esta perseverancia les da buen resultado,
sin duda esta persistencia es fruto de la necesidad y nace de la propia miseria
si no hambre en la que habitan
Y al final si no venden, te
ofrecen cambiarte monedas de euros de las que han ido acumulando de sus ventas
anteriores por billetes que les admiten en los bancos y oficinas de cambio para
canjear por libras, moneda oficial del País.
La compra venta es ley no
escrita, pero indudablemente desde entonces ha movido y mueve el mundo como la
famosa palanca de Arquímedes; Dame una palanca y un punto de apoyo y levantaré
el mundo.
Estas gentes; niños, hombres, jóvenes,
ancianos, mujeres no porque ante el principio musulmán del mundo árabe de la división
de sexos, las mujeres asumen el rol de sexo débil encargado de la casa, los
hijos, los enfermos y el cuidado de los ancianos, y por tanto son ellos, los
hombres los encargados del trabajo y conseguir los recursos necesarios para
mantener la familia. Digo pues y retomo el hilo conductor de este mercadeo, que
todos ellos forman parte de esta legión de militantes de la miseria que
mercadean en el cambismo del todo a un Euro, aunque al final casi nada vale ese
Euro que te piden y casi nunca se paga ese euro, ni se compra a ese precio,
aunque no me cabe la mas mínima duda de que a la siguiente oportunidad se
vuelva a embaucar al incauto turista que cae en el juego.
Y así continuamos escuchando la
cantinela letal del " todo a un
euro", bueno, bonito y barato como forma de subsistir y combatir la
miseria aunque ellos pagan un precio muchísimo más alto que cualquiera de
nosotros; malgastando sus vidas en la calle, mientras incansables caminan
persiguiendo grupos de turistas despistados cargados de cámaras fotográficos
detrás de la banderola de un guía de cualquier tour operator, que de cuando en
cuando se paran para hacer la foto del Japonés, disparar sus cámaras en un
visto y no visto, mientras se enredan en el regateo.
De cuando en vez, el turista
repara en la mirada perdida y triste de cualquier niño de manos negras carbón,
y pies descalzos rebuscando en un montón de basura restos de nada, tal vez
acabará por encontrar algo inservible que reciclar y cambiar por unas pocas
libras, quien sabe, depende de la suerte del día, mientras te mira y su sonrisa
preñada de dientes blancos se mezcla en un fundido en negro de miseria con la
cara agrietada y reseca por el sol y los años pasados de un anciano o tal vez no tanto, que sentado en el suelo
se recuesta contra el muro mal encalado de una construcción, más bien chabola
en estado ruinoso, en tanto varios perros famélicos, ni siquiera se molestan en
levantar la cabeza a nuestro paso y permanecen postrados sobre el polvo de la
calle sin mirarnos expresión máxima de desamparo y tristeza.
Más adelante entre miles de
cachivaches y baratijas un niño juega a perseguir un gato mientras a nuestro
lado pasan varias mujeres enfundadas en sus absurdos burkas, enlutadas de la
cabeza a los pies, tan negras que ni los cuervos, negros sentimientos,
corazones negros de los locos preceptos religiosos que exigen para ellas lo que
no es para ellos.
Bueno, bonito, barato, todo a un
Eurio, tu comprar, toma esto de mi....
Y te siguen acosando metiéndote
sus mercancías por los ojos, seguros de que habrá cien noes, pero un sí, les
supone tal vez la diferencia entre comer hoy o forzoso ayuno e ir tirando, es
el toma y taca de este juego de vendo y compro, de toma y dame, de estos
desarrapados que militan en el hambre, en este llamado tercer mundo, por los
que disfrutamos de nuestro cómodo primer mundo, los turistas occidentales de cámara
y euros para gastar en cosas inútiles, recuerdos, suvenires estúpidos e
inservibles.
Amigo, amigo, todo un Eurio,
toma, coge, bueno, bonito, barato...
Y aunque no lo parezca todo esto
es tan real para ellos, como su propia ausencia de futuro y esperanza y su vida
en las calles, y entre trueques, compra
venta, mercadeos, regateamos nuestros Euros y su hambre.
Angel Utrera
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