EL PARAISO INTERIOR QUE HABITA ENTRE TUS PIERNAS,
Me gustaría tener la llave de entrada al paraíso interior que habita entre tus piernas, me descubrí pensando un día delante del espejo de mi baño, mientras me enjabonaba la cara dispuesto a afeitarme .

Yo sabía que me era urgente encontrarla para salvarme.
Necesitaba a esa mujer.
La quería mas allá de cualquier fantasía o delirio.
No sabía casi nada de ella, únicamente un esbozo entre sacado de los recuerdos borrosos de mis sueños inconscientes.
Pero si que era plenamente consciente de que necesitaba encontrarla con la inmediatez del que se ahoga y necesita que el aire entre en sus pulmones para no ahogarse.
Era imprescindible dar con ella como fuera y donde estuviera.
Primero de nada, tracé un plan enfebrecido y torpemente, tendría que soñarla.
Sabía que no podría detenerme y que en modo alguno remataría aquel juego de despropósitos sin hallar su silueta proyectada contra la acera y sentir su presencia en el quicio de cualquier puerta entre abierta de uno de aquellos antros de alcohol y sexo barato que compartía con otros desconocidos habitantes de la noche, donde sabía que escondía su tristeza, procurándose una caricia suave, el aliento cálido de una boca, la mirada frustrante del deseo y la lujuria, cuando no hay amor.
Tenía que encontrarla y rescatarla de los infra mundos de la noche, esto era lo único que colmaba mi razón de ser y me obligaba a abandonar las sabanas revueltas de mi cama cada amanecer y a pesar de ser perfectamente consciente del desatino en que mi mente se estaba sumiendo, consumida en desvaríos y obsesiones absurdas, nada era ya capaz de detenerme.
Finalmente un día pude después de una larga noche especialmente intensa de humo y borrachera que acabó de mala manera tras una violenta y absurda discusiòn de borrachos con mi cuerpo golpeado, la cara desdibujada y sanguinolenta por los golpes y todo mi ser impregnado del agrio olor del vómito y los orines que vertieron sobre mi mientras me revolvía en el suelo intentando levantarme, después de la lluvia de golpes que me habían generosamente regalado aquellas sombras borrosas mal encaradas de mirada turbia y tan perdidos como yo en su propio fracaso.
En un instante de precaria lucidez conseguí revolverme en el interior de mis sueños y recuperé su imagen y asi fue como empecé a seguir sus pasos perdidos hasta que conseguí cuando ya no lo esperaba, dar con ella.
Al otro lado, por fin pude comprender que me aguardaba la nada bajo una fría lápida de mármol negro, en la que se leía en letras doradas;
Su vida tan solo fue un sueño del que ha despertado al fin mientras buscaba la llave al paraíso interior que habita entre sus piernas.
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