martes, 23 de noviembre de 2010

LA ULTIMA VICTIMA..............




No tengo ni idea de que estoy haciendo aquí.
Cuando abrí los ojos no pude responderme
ninguna de aquellas preguntas:
¿Dónde me encontraba?
¿Cómo había llegado hasta allí?
¿Quién era Yo?
Tan solo se imponía ante mí la realidad;
Mi cuerpo desnudo
Mi sexo arrugado; recordé con un estremecimiento impropio
las descargas eléctricas, y como mis testículos estallaban en mil esquirlas
al reventarlos con aquella maza de hierro, mientras reìan y reìan con mis gritos de dolor.
Mi cabeza, al cero rapada con tenaza y cuchilla.
Mis manos atadas fuertemente contra los huesos quebrados de mi espalda.
Yacía tendido cara arriba entre excrementos y orina
supuse que era mía, aunque me resultara extraña.
Me dolía el pecho, y me recreé contemplando como de una fea herida
en el costado izquierdo, bajo lo que antes era mi tetilla,- ahora no existía pezón,
lo arrancaron sin piedad con la tenaza, ferozmente disfrutando del horror de mi mirada,
manaba mi sangre ya coagulada y negra,
sobre las baldosas de aquella habitación casi a obscuras
que intuí debía ser mi cárcel; mi enemiga.
Quise levantarme del suelo
pero mis piernas no me sostuvieron y caí de bruces
golpeando mi cara contra aquella piedra que acogía mi carne destrozada.
La cabeza me daba vueltas como en un carrusel infernal.
Me latía el corazón en las sienes sin desmayo.
Me faltaba el aire, y con cada bocanada en avaricia,
se me escapaba el aliento, como la vida.
Sentí que aquel instante era el final de mis desdichas.
Y vomitando bilis amarilla entre hilillos de sangre
esbocé una absurda sonrisa con aquel amasijo informe
que antes supuse fueron mis labios
destrozados ahora por la fuerza de los golpes.
Y cerré mis ¿ojos?, más bien dos cuencas vacías
allí donde antes brillaba la luz en mis pupilas tras los parpados
del miedo y el tormento .
Y dos gruesas lágrimas quedaron suspendidas en el tiempo
como ultima muestra de lo inhumano del miedo y la tortura asesina
del cazador y su victima, mientras oía sus pasos acercarse
con la muerte como amiga,
y el cerrojo de la puerta violado, se abría a un nuevo día inexistente.
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