miércoles, 11 de junio de 2014

Tristeza de amor.........MICRORRELATO.

En la soledad de aquella habitación extraña, tan fría como desconocida de
una oscura pensión, pretendía encontrar asilo de si mismo, en esta absurda
huida hacia la nada que es el miedo.
 Había
buscado refugio, en el
  barrio de
Gracia,
  junto al puerto viejo,
adonde
  llegó perdido y empapado  hasta los huesos por la humedad de la noche,
metida en lluvia y niebla cerrada, después de horas de deambular como un
borracho empedernido y sonámbulo por
 
entre callejones desconocidos y estrechos oliendo a aceite rancio de
pescado frito y orines en las esquinas,
 
por los que le condujo a bandazos sus pies, entre tropezones de adoquín
en adoquín y charcos embarrados, enredado en un diabólico dialogo interior
consigo mismo de insultos y reproches .


Ahora, pensaba que todo era un nuevo error, otro mal paso, una nueva
equivocación, de nuevo una decisión impulsiva y no meditada suficientemente.  Allí tumbado sobre la colcha de tristes
flores, raída por el tiempo y la miseria del ocaso, sucia y gastada pensaba, al
tiempo que tomaba conciencia del peso de su propio cuerpo inerte tumbado boca
arriba en un colchón demasiado blando, posiblemente acumulaba tantos años de
cuerpos allí tumbados como los que el mismo arrastraba por la vida, si aquello
era vivir.
Lentamente levantó una de sus manos moviéndola de detrás de su cabeza donde
se cruzaba con la otra en un reposo forzado, y empezó a palpar el contorno de
sus ojos cerrados en la oscuridad. Se había quitado las gafas y  descansaban  
sobre la apolillada mesilla de noche.
Así, pasó un dedo sobre sus labios resecos y los sintió ásperos y
despellejados, agrietados por el frio. Acarició ligeramente sus mejillas en las
que empezaban a aparecerlas primeras huellas de un mal afeitado, hecho deprisa
y de cualquier manera para salir del 
paso, ahora que no había a su lado ya nadie para besarlas, ¡que
importaba la barba¡. Primero la izquierda, ahora el lado derecho de su cara
igualmente rasposo y sucio.   Sintió cada uno de los surcos de cada una de
sus viejas y conocidas arrugas, tan suyas como odiadas de esa, su cara ,a la
que últimamente no se sentía capaz de mirar cuando frente al espejo no era ya
posible reconocerse en esa imagen que veía reflejada riéndose de él con
crueldad estudiada, aún siendo plenamente consciente de que aquella imagen era
él mismo. ¿Acaso lo era?. ¿O tal vez se trataba de un maquiavélico juego del
diablo?
Restregó sus ojos con un movimiento espasmódico intentando borrar de un
golpe tanta desilusión, tanto cansancio, tanta triste desesperación y fracaso,
pero no fue capaz, y al volver a abrirlos, aquella sensación cordial de absurda
realidad seguía allí, hombro con hombro a su lado, angustiando su corazón
cansado de latir y atrapando sin dejar escapar de su garganta el grito
liberador de tanto miedo, capaz de apaciguar su desencanto.
Ahora bajaba su mano acariciando suavemente el pecho, pasando las yemas de
los dedos por la areola de la tetilla al tiempo que como en un perverso flash
back, su imaginación le jugaba una mala pasada trayéndole dolorosos recuerdos con
la imagen desnuda de su compañera a su lado, su risa libre y franca, el brillo
de cuarzo de sus ojos, el dulce aroma de su cuerpo cálido . ¿Dónde había
quedado todo aquello?.¿Que había sido de tanta felicidad?.¿Cuando acabó aquella
ilimitada capacidad de soñar y vivir los sueños 
a su lado, con ella y junto a ella?.¿En qué momento su vida había
llegado al final del corredor oscuro, sombra y muerte en que se encontraba
perdido ahora, como en un laberinto sin salida del que se pretende salir
desesperadamente?
Así se sentía, sin duda, perdido en el laberinto infinito de sus sueños
incumplidos. Y allí tumbado en la soledad de aquel cuarto sucio y triste de
una  pensión de mierda, cuyo nombre ni
siquiera era capaz de recordar, deseó cerrar sus ojos para siempre. Dormir un
sueño eterno y reparador del que no despertar nunca más, y descansar por fin de
sus recuerdos.
Aquella  noche por fin, atrapado allí
mismo por la soledad absoluta de aquella habitación, supo finalmente, que lo
único que le quedaba, lo único que aún era suyo y nadie le podría ya arrebatar
nunca era el silencio de su propia muerte........

  


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